jueves, 8 de diciembre de 2022

ESTAR DE PIE

Lo de ≪morir de pie≫ viene de Emiliano Zapata: ≪prefiero morir de pie que vivir de rodillas≫ parece ser que soltó el revolucionario, comandante del ejército liberador del Sur, cuando se veía acosado por las tropas del ejército Federal mexicano. La frase también fue utilizada por Ché Guevara o Dolores Ibárruri en similares contextos de agitación social, aunque, según Libertad Digital ningún historiador puede afirmar rotundamente que ninguno de los tres pronunciara realmente la frase:

https://www.libertaddigital.com/fotos/frases-famosas-nunca-fueron-dichas-cultura-1012672/#che-guevara

Sí, acabáis de leer bien, he citado a los fachas de Libertad Digital, básicamente porque me he topado con ellos bien posicionados por la red y, joder, me jode también enterarme por ellos que el famoso elemental querido Watson del Watson de Sherlock Holmes nunca fue pronunciado por el famoso detective consultor; y me jode como lector de Holmes desde mi más obtuso inicio de adolescencia, incluso fui el socio 65 del primer Club Sherlockiano en España  (aunque confundieron mi apellido con un diálogo de Platón) y siempre llevo el carnet en la cartera. 




Como de los fachas no hay que fiarse nunca bajo ninguna circunstancia (aunque pienso ahora en una operación a vida o muerte en la que el paciente descubre por redes sociales que su cirujano es un votante de Vox), me he puesto a ver otras webs y se confirma: Holmes nunca dijo esa frase, sí dijo ≪elemental≫ o ≪querido Watson≫ pero nunca la frase completa que se popularizó a partir de una película de 1939. ¿Demuestra todo esto que, a veces, hasta lo que nos gusta tiene la capacidad de engañarnos?

En el sitio al que voy últimamente durante las consabidas ocho horas y que me da de comer, me paga facturas y algún que otro pequeño capricho de no supuesta primera necesidad, por circunstancias diversas, paso muchas horas de pie. Deambulo de pie por un espacio más o menos reducido interactuando con personas que buscan una rápida y efectiva información sobre determinado servicio. Hay muchos momentos de deambular en silencio, embotado por mis diversos pensamientos: muchos de ellos es imposible no basarlos en la clara consigna: ≪¿qué coño hago aquí?≫ aunque estoy aprendiendo poco a poco a no pensar en eso directamente y sacar jugo a lo que veo o hago (o hacerlo diferente a cómo se supone que lo tendría que hacer, siempre que el resultado final sea esa rápida y efectiva información que se me pide) o sea, no quiero estar allí pero tengo que estar que es más o menos la historia de todo el mundo (pocas novelas leo que partan de ese tremendo supósito, como si fuera algo tan evidente que no hace falta reflejarlo, o algo muy cansino o poco remarcable, que no da para una historia). Así pues: procuro ser extremadamente amable buscando muchas veces una tonta complicidad; observo a esas personas desconocidas buscando gestos que no sean repetitivos, que me llamen la atención, que me permitan también divagar sobre una vida que no conozco, ni conoceré más allá de esos minutos de contacto visual; identifico caras habituales que siguen siendo desconocidas pero ya un poco familiares (que ya no necesitan mi rápida y efectiva información) y comparo sus expresiones, incluso sus movimientos, con el paso de los días; me pongo contento las raras veces que pasa algo inusual y que, aunque no sea para tanto, en ese preciso momento es algo que me parece casi un regalo: 

Ejemplo 1: ≪Ya ha venido el frío


Ejemplo 2: ≪Calavera≫ Una tarima de parquet muy desgastada por las ruedas de una silla de oficina cuyo movimiento ha acabado dibujando algo que yo veo muy claro. 




No siempre, pero cuando no estoy demasiado agotado de hablar, busco dar mi información de una manera, podríamos decir, poco convencional pero que yo considero igual de efectiva que la manera usual, esperando ingenuamente una contrarréplica que yo considere (en un ejercicio de superego, lo reconozco) a mí mismo nivel y me pueda poner contento como las palomas buscando refugio, o las calaveras imprevistas. Ejemplos:

一 Tiene usted razón en sus quejas señora, pero me limito a exponerle el estado de la cuestión ahora mismo, en este preciso instante; es algo que no tiene solución inmediata así que, si me permite, le diré que insistir en sus quejas no hará otra cosa que elevar sus niveles de cortisol y arruinarle un día que seguramente no se merece ser arruinado por esta pequeña incidencia. 

一 Estoy aquí para ayudarle señor, incluso a pesar que su actitud no sea precisamente la de dejarse ayudar, pero soy un profesional y mi obligación es ponerme en su piel y comprender su enfado al no escuchar lo que realmente le gustaría oír, así que le acompaño en su pesar, que es un poco mi pesar también, y le deseo un buen día, que es lo único que puedo hacer por usted ahora mismo. 

一 No, disculpe señora, lamento si de mis palabras ha concluido que le estoy diciendo que no puedo hacer nada por usted y que se tiene que joder; mi sola presencia aquí es para confortarla en estos momentos que no son los que hubiera querido vivir esta fría mañana. 

Observo también mucho mis pies (como muchos planos de las pelis de Eugene Green del que un día hablaré en este blog) y busco colocaciones ≪mágicas≫ para que me duelan menos con el paso de las horas:

Partiendo desde una postura estándar perfectamente alineada con la raya de las baldosas (no sé por qué, quizás porque la encuentro muy estética): 

                                           



paso a una postura menos forzada y más desenfadada apoyado contra una pared (apoyado porque esa postura sin apoyar la espalda es imposible de mantener):                         


me arriesgo y lo sigo intentando con una postura idiota porque ya sabéis el valor que le doy a las cosas idiotas:

                                        



busco la innovación y pienso que si me coloco en una superficie no lisa puede que haya algún efecto masajeante (me pasa por la cabeza descalzarme pero soy un profesional): 


  
encuentro maneras para hacer ≪estiramientos≫:

busco que, al menos, ambos pies se conforten:



Nada tiene éxito y acabo siempre buscando el consuelo de los que tenemos esa fea adicción (yo fumo de liar, no todas son mías):




Emiliano Zapata, el Ché o ≪La Pasionaria≫ fueron grandes personajes, grandes Revolucionarios, las suelas de los zapatos de mis doloridos pies no les llegan ni a milímetros de sus suelas, pero sí alguna vez dijeron eso de morir de pie es porque no tenían ni puta idea de lo que significa estar tantas horas de pie dando una información rápida y efectiva a personas agobiadas y con prisas. 

Seguramente tendréis razón los que leyendo esto penséis: ≪vamos, que te aburres como una ostra≫, o incluso los que hayáis empezado a leer y no continuado o hayáis continuado solo por pena (porque a lo mejor os caigo un poco bien) pero en el fondo pensando cosas del tipo ≪otro que no tiene nada que contar≫, ≪¿qué mierda es esto?≫, ≪otro que piensa que contar sus mierdas tiene algún tipo de valor literario≫, ≪otro con ínfulas de querer escribir escribiendo solo paja≫... tendréis razón seguro, pero, no sé, no voy a defender lo que he escrito pero aquí está y yo me he quedado muy a gusto con que mis ocho horas dando una información rápida y efectiva al menos me hayan dado para escribir estas mierdas. 

Hace algún tiempo por redes sociales intercambio gustos literarios con un grupo de personas que considero afines y lo valoro mucho, muchísimo. Ando preocupado por lo que llaman ≪autoficción  ≪literatura del yo≫ y la propensión al ≪yoísmo≫ y al narcisismo en la literatura actual (propensión que se traduce en ventas, por supuesto), yo soy el primer crítico pero, a la vez, el primer defensor cuando todo ese despliegue del yo me hace estallar la cabeza a la manera de Faulkner o Joseph Roth, porque creo que hay yos y yos como en botica. Hace poco, en esas redes sociales, critiqué encarnizadamente las 50 páginas que me leí del ≪Ordesa≫ de Manuel Vilas y un compañero pasó un enlace de una crítica acertadísima del blog unlibroaldia. Copio un pasaje:

Y vuelta a empezar. 387 páginas de insistencia narcisista (o de otro tipo, otra de mis valoraciones posibles era: onanista),  de un narcisismo masoquista, como si fuera el único que ha perdido a los padres y se ha separado y vive la crisis de la media edad. Como si ello fuera suficiente para mostrarlo al mundo, para convencer a alguien más que a familia y amiguetes para que te lean. Coño, escribe un blog, confórmate con eso, como hacen muchos. Porque forzar cada acto de la existencia humana como una analogía de la trascendencia es risible. 

Pues eso, yo me conformo con eso, con escribir un blog como si fuera el único que pasa ocho horas diarias en un sitio en el que no quiero estar pero he de estar. 


一Muchas gracias por su comprensión. 


jueves, 30 de junio de 2022

ENCUENTRO EL PARQUE

Últimamente me persigue la meditación: reencuentro con algún que otro libro olvidado por casa y que se presenta ante ti aunque no lo llames, cuando solo estas echando un simple vistazo a las estanterías; alguna sugerencia publicitaria de red social en forma de cursos o estancias de meditación (la persona que ha escogido vivir conmigo puede tener razón: Facebook nos oye); el dichoso término mindfulness que parece que está siempre en la radio que escucho cuando friego platos o cocino; pero, sobre todo, sobre todo, supongo que la culpa de todo la tiene mi estado de ánimo más fluctuante de lo normal estos días. 

Meditar es la hostia de complicado y requiere de una paciencia que yo sólo tengo a sorbitos. Está claro que aquietar nuestra mente tiene que tener algún beneficio: no puede ser sano estar siempre dándole vueltas a lo que hacemos, a lo que dejamos de hacer, a lo que nos pasa, a lo que no nos pasa, al ¿qué nos pasará?, e incluso a lo que sabemos que no nos pasará (nunca hay datos fiables pero también pienso en esas cosas que sé que no pasaran); a las relaciones con los que forman parte de nuestra vida (los que hemos escogido y los que han venido impuestos). Podemos entretenernos con lo que se entretenga cada uno: libros, cine, series, bares, juegos de rol, drogas, macramé, marquetería, música, hijos... e incluso los hay que se entretienen exclusivamente con su trabajo pero nada de eso está destinado a acallar la mente y parece que la meditación es la única manera de conseguirlo. También estoy utilizando de manera burda la primera persona del plural cuando seguramente hay mucha gente que no ha pensado nunca en la necesidad de acallar su mente, por falta de tiempo, por falta de comprensión o porque suena a cosa absolutamente aburridísima y poco práctica. 

En todo caso, siguiendo cuatro nociones básicas, lo intento en casa y no acabo de estar cómodo porque todo lo que me rodea me es tan familiar y apetecible que siempre estoy deseando terminar cuanto antes para tumbarme en el sofá a leer y escuchar música, o sea, me lo impongo (error), me impongo estar ese rato con los ojos cerrados intentando escuchar el silencio (aunque nunca haya un silencio absoluto) y no pensar en nada, o cuanto menos, no valorar lo que parece imposible impedir que acuda a mi mente. Así que decido buscar un sitio para intentarlo con la meditación que no sea mi casa. No me apetece de momento buscar un centro especializado, así que pienso en encontrar un parque: un poco apartado, no muy concurrido, con césped, sería una buena opción y tras algunos paseos encuentro el parque que parece ideal:



Me llama la atención y escojo sentarme debajo de un árbol de tronco bifurcado aunque uno de los troncos esté cortado, siempre lo voy a reconocer; será «mi árbol de meditación»:


Espalda recta (tengo un debate interno si apoyarla en el tronco del árbol, y decido, de momento, no hacerlo); palmas de las manos mirando hacia arriba (derecha sobre izquierda) y reposando a la altura del abdomen y piernas cruzadas. Estoy pendiente de mi respiración, noto como sube y baja el abdomen aunque intento no obsesionarme con ella. No tengo ningún sofá cerca, ni ningún libro, ni música; me podía tumbar en la hierba pero juega a mi favor que nunca he sido mucho de estar tirado en el suelo y la hierba que rodea mi árbol está bastante pelada y no debe ser muy mullida. Todo parece ir bien o, al menos, distinto a casa, otras sensaciones: estoy relajado aún con las mismas cosas que siempre vienen a mi cabeza; no me entran esas acuciantes ganas de acabar de hacer el idiota con los ojos cerrados que me entran en casa y pasa un tiempo (me he prohibido controlarme el tiempo con el móvil) que yo calculo entre 20-30 minutos (no tenemos ni puta idea de controlar el tiempo sin ayuda) así que, sorprendido, tengo ganas de seguir más tiempo pero me permito una pausa y abro los ojos (también se puede meditar con los ojos abiertos), aunque cometo el error de dejar de mirar a mi horizonte y bajo la vista hacia el suelo, y allí, entre ramitas y hojas de césped, la veo, haciendo una pausa (como yo) encima de una colilla:


Una hormiga con algo muy grande entre sus mandíbulas:

Su pausa dura poco, y se vuelve a poner en marcha. Va sorteando obstáculos dirigiéndose hacia a algún lugar: pasa por encima y por debajo de ramitas, a veces la pierdo unos segundos, pero siempre reaparece, a pesar de lo diminuta que es y lo rápido que se mueve la identifico por eso más grande que ella y que arrastra con tanto esfuerzo con sus mandíbulas. Me quedo hipnotizado con ella, la sigo embelesado con su tesón. Vemos al cabo del día muchos videos imbéciles por las redes y yo voy a poner un video de 1 minuto de una hormiga. Es maravilloso, o yo al menos lo creo así. Si tenéis paciencia suficiente de verlo hasta el final,  podréis ver como hacia el segundo 48 hay un momento tenso en el que pierde lo que lleva entre las mandíbulas pero, sin dudar, vuelve a agarrarlo. 

  


Y así sigo, olvidada la meditación, mirando el tortuoso devenir de una tarde en la vida de una hormiga y se me pasa por la cabeza algo que, en principio, creí que era una buena idea: ayudarla. Pienso en allanarle el camino, pienso en apartar de su camino hojas de césped y en retirar ramitas que le estorben en su trayectoria hasta su nido para que ande más cómoda. Pero ¿qué consigo?, consigo que suelte lo que lleve en las mandíbulas y la pierda de vista; veo lo que llevaba en la mandíbula pero ella ha desaparecido. Supongo que mi dedo la ha descolocado y le ha entrado algo parecido al miedo, a la inquietud de lo poco habitual:



Ha sido una idea de mierda, le he jodido la tarde a la hormiga. Revuelvo ramitas buscándola. Supongo que nadie en el mundo es capaz de distinguir una hormiga de otra, pero la verdad que ese pequeño trozo de tierra era la única hormiga que he visto y quiero devolverle su trozo de cosa que ha soltado por mi culpa. Pasan unos buenos minutos y lo doy por imposible. Me quedo con la cosa que llevaba en las mandíbulas y no parece nada parecido a comida:



Más bien parece una rama, pero no seca como las demás que están en el suelo y que tan trabajosamente sorteaba mi hormiga; una rama que quizás todavía contiene algún nutriente. 

Creo que todo ese rato con mi hormiga y darme cuenta de lo imbéciles que podemos ser sin quererlo ha sido mi mejor sesión de meditación desde que intento meditar. 

sábado, 4 de junio de 2022

HACIA EL PÁLIDO, SILENCIOSO FRENESÍ DE LA GUSANERÍA.

 Todo lo que voy a escribir ahora es por «La vida breve» de Juan Carlos Onetti, recién releído. Estrujada, inabarcable y agotadora novela que, no voy a engañar, me ha supuesto tal esfuerzo releer que me he ganado a pulso utilizar los múltiples subrayados que he hecho en el libro para algo que no tengo claro, antes de empezar a escribir, qué será, pero sí tengo claro que estará alejado de cualquier intento de crítica literaria o explicación de trama.


En mi vida estoy seguro que muchas veces no consigo explicarme bien: «es que estoy seguro de no habértelo explicado bien, impedido por el vértigo de la vida moderna» y es que los días pasan y «cualquier cosa repentina y simple iba a suceder y yo podría salvarme escribiendo» a pesar que tengo cada vez más claro que «la vida está hecha, desde muchos años atrás, de malentendidos» en un momento en el que «estamos a un paso de aceptar que, en definitiva, sólo uno mismo es importante, porque es lo único que nos ha sido indiscutiblemente confiado». Esto último es lo que Onetti mismo parece decirnos en esta foto en la que nos señala amenazante para que no dudemos como siempre. 


—¿Qué es la vida breve Onetti?.

— «una vida breve en la que el tiempo no podía bastar para comprometerme, arrepentirme o envejecer»


Hace ya meses que fui despedido de un trabajo de más de diez años y aún hoy, no puedo evitar arrastrar alguna consecuencia «y desde entonces yo había estado fluctuando entre un miedo abyecto y la idea de tres o cuatro meses de libertad relativa; había deseado y temido el cheque que acompañaría el despido, los ciento veinte días de inconsciencia, de estar conmigo mismo y a solas en las calles donde se movía el viento de primavera, detenerme, por fin, a pensar en mí como en un amigo al que no se ha prestado nunca la debida atención y al que, tal vez, sea posible ayudar», pero, sobre todo: «sospeché que eras tan idiota como para preocuparte de tu empleo».

Me gustaría utilizar la literatura como escapismo pero no siempre permite escapar: «lo malo no está en que la vida promete cosas que nunca nos dará; lo malo es que siempre las da y deja de darlas» con lo cual paso durante algún tiempo a la literatura de entretenimiento y a la literatura intermedia y ando mucho, pero también paso mucho tiempo tumbado «invoco la paz y la alegría de estar casi vivo que habían descendido siempre hacia mí desde el techo de la habitación» porque pienso que «basta ser despiadadamente leal con uno mismo para que la vida vaya encajando, en momento oportuno, los hechos oportunos»

Muchas veces encuentro ayuda en mi vida cotidiana que últimamente anda descontrolada y ese puro descontrol creo que es la ayuda a que no sea tan abrumadoramente cotidiana. Y compro el pan cada día, un pan que no es para mí, es de encargo, y me ha pasado que al ir a comprar la barra diaria, en la puerta de la panadería, me ha parado alguien trajeado y me ha dicho que por comprar pan en esa panadería, por cortesía de TECNOCASA me regalaban otra barra, y, como odio las agencias inmobiliarias y estoy últimamente a la que salta le he dicho que ni sediento en un desierto y me encontrara un stand de TECNOCASA con limonada aceptaría la limonada (lo cual es, evidentemente, una exageración, me bebería dos vaso seguidos) y le he dicho al tipo trajeado que se buscara otro trabajo y  todo se lo he dicho sin mirarle a los ojos sino que he estado mirando todo el rato su corbata verde, el color corporativo de TECNOCASA y he recordado un sombrero de Onetti: «porque así como el traje recto y flojo es el uniforme de todas las inminentes madres del mundo, el pequeño sombrero sin adorno, ceñido como un casco, proclama la resolución de la pureza, el desprecio por las posibilidades sensuales de la vida, su adhesión al deber y a la soberbia estupidez».

Y como tengo tiempo y es casi verano me acuerdo de otros veranos: «Descendí por Corrientes paso a paso, alternando la fatiga de las manos que sostenían la valija, encontrándolo todo bueno, apropiado todo a los méritos, las necesidades, lo que eran capaces de soñar las gentes. Crucé el círculo del Obelisco con al decisión de reconstruir una noche de mi adolescencia en la que habría afirmado, en soledad o ante sordos, que el período de la vida perfecta, los rápidos años en que la felicidad crece en uno y desborda (en que la sorprendemos como a una hierba incontenible naciendo en todos los rincones de la casa, en cada pared de las calles, debajo del vaso que alzamos, en el pañuelo que abrimos, en las páginas de los libros, en los zapatos que embocamos por las mañanas, en los ojos anónimos que nos miran un intante), los días hechos a la medida de nuestro ser esencial, pueden ser logrados ーy es imposible que suceda de otra maneraー si sabemos abandonarnos, interpretar y obedecer las indicaciones del destino; si sabemos despreciar lo que debe ser alcanzado con esfuerzo, lo que no nos cae por milagro entre las manos»

Y acabo ya todo esto, escrito de manera muy apresurada como compensación al esfuerzo de releer: «La vida breve»; me he tomado todas las licencias que me ha dado la gana para hacer mías todas sus frases, Onetti, con su no importismo total que conseguía hacer dulces las amarguras de la vida, creo que no lo vería mal. 


«Consiguió un taxi en la esquina y vi el último adiós de su mano, lo vi alejarse, en el comienzo de la noche, hacia el mundo poético, músical y plástico del mañana, hacia nuestro común destino de más automóviles, más dentífricos, más laxantes, más toallitas, más heladeras, más relojes, más radios; hacia el pálido, silencioso frenesí de la gusanería»




domingo, 20 de marzo de 2022

¿QUÉ PASA DURANTE TODO ESE TIEMPO QUE NO HACEMOS LO QUE QUEREMOS HACER?

Dos ancianos que habían sido muy amigos se reencuentran. Han pasado muchos años sin verse porque no querían verse: una mujer a la que ambos amaban escogió a uno de ellos e, inevitablemente, los amigos se separaron. Ahora la mujer está muerta y el anciano del sombrero ーel anciano que en su día no fue escogidoー, sin saber muy bien por qué ni a qué, va a casa del otro anciano pero no se atreve a pasar de la entrada. El anciano escogido, desde la ventana de su casa, lo ve, lo reconoce y sale a su encuentro. Es un encuentro frío porque no podría ser de otra manera, pero parece que hay cordialidad y entran en la casa.




El anciano que en su día no fue escogido está descolocado, tenso (no se quita el sombrero) y se dedica a jugar con un hilo que sobresale del puño de su camisa mientras conversan sobre trivialidades, hasta que escucha la inevitable pregunta:




La pregunta es una bomba de relojería (para el anciano que en su día no fue escogido y para cualquiera) y titubea buscando una respuesta, duda unos largos segundos hasta que (me gustaría pensar) responde lo que él cree que más se aproxima a la realidad. 





La película la vi hace algunos meses y, aunque me gustó, entró de lleno en el saco de cosas que vamos olvidando sin querer porque no podemos recordarlo todo. Con el paso del tiempo y no escribir nada en este blog (en parte por culpa de hacer cosas que no quiero hacer), la respuesta del señor que en su día no fue escogido, me ha venido a la cabeza: entonces, ¿puede que no olvidemos sin querer del todo?, ¿algo nos queda siempre?, o, ¿puede que recordemos sólo lo que nos atañe, lo que hacemos nuestro?; la historia de la película, incluso su final, los recuerdo vagamente, pero esa respuesta no la olvido porque la hice un poco mía; puedo entenderla perfectamente y darme hasta un poco de miedo entenderla tan bien.  


También he recordado otra escena. Los niños de un colegio van de excursión: los padres de algunos alumnos explican a la clase a qué se dedican. El papá de Marion es biólogo experto en lombrices:



La escena es pura tragicomedia ㅡque es algo que siempre funcionaㅡ, a mí me parece desternillante el baño de realidad que se lleva el pobre lombriciólogo que, a diferencia del anciano que en su día no fue escogido, seguramente sí que está haciendo lo que seguramente siempre quiso hacer pero es incapaz de transmitir su entusiasmo para asegurar el futuro de su ciencia. Al final de la escena reniega de Instagram (y afines) como principal enemigo para consolidar futuras generaciones de lombriciólogos, y recuerdo que pensé ㅡy piensoㅡ que el papa de Marion tiene razón, pero también intenté ponerme en la piel de esos críos y de muchos de los críos que veo a mi alrededor, en cómo les han configurado el mundo (a ellos y a nosotros), con la cantidad de entretenimiento que tenemos a nuestro alrededor es imposible que les puedan interesar las lombrices, ¿a quién coño le pueden interesar las lombrices?, por mucho que me lleve una sorpresa al descubrir que en 1881 el propio Darwin dijera de ellas que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple», pero también: ¿a quién le interesa Darwin hoy en día?, yo mismo sólo sé que fue una figura que alguien con un mínimo de cultura ha de conocer, pero da pereza ir más allá por muy importante que fuera para el mundo. Realmente no sabemos de nada una mierda porque probablemente estemos demasiado ocupados haciendo lo que no queremos hacer y, a la vez, entreteniéndonos para olvidar que hacemos lo que no queremos hacer; la misma mierda que este cartel que veo cada día en el metro pero que el otro día vi con una novedad: 




Campaña de la Generalitat para pagar menos por tu factura del agua. Una tarifa social sobre el canon del agua que te bonifica el 100% en ese impuesto si no superas los 9 metros cúbicos de agua al mes y el 50% si los superas y la novedad: una pintada que nos dice que los 9 metros cúbicos son UNA MIERDA. Yo intuía el tufo de la campaña básicamente porque la chica de la foto parece disfrutar demasiado de la sensación del agua caliente en su rostro cuando lo que nos están diciendo es: "consume poco y pagaras menos, no disfrutes, ves a lo práctico", así que la pintada me invita a investigar un poco porque no sé una mierda y no tengo ni la más mínima idea de cuánto es un metro cúbico de agua, solo soy un mal pensado:

1 metro cúbico de agua = 1.000 litros.

1 ducha de 10 minutos = 200 litros de agua.
1 ducha de 5 minutos = 100 litros de agua.


Pongamos por caso solo dos personas (mi caso), una ducha diaria de la persona que ha escogido vivir conmigo de 10 minutos (no cierra el grifo cuando se enjabona) son (a 30 duchas mensuales, ojo, en invierno) 6.000 litros; más mis duchas de 5 minutos a 30 mensuales ya son 3.000. Con solo las duchas SIN TENER EN CUENTA NADA MÁS que signifique gasto de agua, ya nos hemos gastado los 9 metros cúbicos mensuales. Y pienso: quien hizo la pintada, ¿sabía de antemano cuanto era un metro cúbico de agua?, ¿cuánta agua gastamos en una ducha? o ¿lo tuvo que investigar cómo yo para decidir hacer la pintada? He preguntado a cinco personas de mi entorno y ninguna ha acertado a decirme cuánto es un metro cúbico de agua. Como datos finales decir que este impuesto del canon del agua, en mi caso no supone un 30% de la factura del agua sino sólo el 20%, y en mi caso también, si solicitara esta tarifa social y si me consideraran un colectivo vulnerable (no indican requisitos) y tuviera derecho al 50% de bonificación sobre el impuesto (porque no voy a dejar de ducharme cada día para consumir menos de 9 metros cúbicos, siempre he pensado que la ducha es uno de los mejores momentos del día), mi ahorro mensual serían aproximadamente unos 2,8€, o sea que pienso que no solo no sabemos una mierda de nada sino que además hay gente que se aprovecha de ello. Coger el metro cada día a la misma hora es una de las cosas que no quiero hacer, y la tontería esta del agua sólo es un pequeño truco para evitar pensar que existe una obligación que acato pero que no acepto, la obligación de recorrer esos pasillos, ver las mismas caras tapadas todavía por mascarillas, querer "aprovechar" para leer un poco pero finalmente dejarme arrastrar por los demás y ver la pantalla del móvil para entretenerme con algo que no tenga que ver con lombrices o Darwin. 


En el sitio al que últimamente voy cada mañana a pasar unas horas sin querer hacer lo que voy a hacer allí, el otro día escuché una conversación telefónica de alguien que coincide conmigo en ese espacio físico. 

一 Hola Buenos días Manuel. 
(Manuel, al otro lado del hilo telefónico, dice algo que provoca la risa de la persona que coincide conmigo en ese espacio físico).

一 Ja, ja, ja (un poco forzado pero ja, ja, ja).
(Manuel, al otro lado del hilo telefónico, sigue hablando)

一 Pero Manuel, eso hace meses que se tiene que hacer así.
(Manuel, al otro lado del hilo, vuelve a decir algo que vuelve a provocar la risa de su interlocutora).

一 Ja, ja, ja (hasta ahora escuchaba la semiconversación sin prestar demasiada atención, solo porque forzosamente tenía que oírla por proximidad, pero, después de este segundo ja, ja, ja forzado, esa persona que coincide conmigo en ese espacio físico en el que no quiero estar dijo algo que me amargó todo el día y a lo que le di vueltas durante más días e incluso diré que hizo todavía más acuciante la sensación de no querer estar allí haciendo lo que estaba haciendo:

一 Ja, ja, ja, sí que estás tú animado para ser lunes

Me puse super triste, le veo hasta un transfondo apocalíptico. Juzgar la frase los que leáis estas líneas, a lo mejor no hay para tanto y yo lo veo todo distorsionado con la tontería esta de no hacer lo que quiero hacer (como si no lo hiciéramos constantemente, como si no fuera la manera más habitual de vivir, como si no tuviéramos ya que ser inmunes a sus efectos, como si fuera tan fácil saber lo que se quiere hacer). Ya han pasado días desde que escuché la frase y ya estoy mejor (😂) . En ese sitio al que no quiero ir las mañanas, procuro últimamente acercarme más a esa persona autora de la frase; cada día voy trabajando con ella una simpatía forzada, intentando ganarme su confianza con el único objetivo de llegar a un lunes que, llevada al límite mi simpatía, me pueda soltar a mí la misma frase y pueda debatir con ella su significado de mierda.



Acabo una novela que me ha gustado a ratos y una de las cosas que me han gustado es su última página de agradecimientos:



Y pienso que no sucumbir a las cosas que no queremos hacer depende también de eso, de nuestra genialidad.