domingo, 20 de marzo de 2022

¿QUÉ PASA DURANTE TODO ESE TIEMPO QUE NO HACEMOS LO QUE QUEREMOS HACER?

Dos ancianos que habían sido muy amigos se reencuentran. Han pasado muchos años sin verse porque no querían verse: una mujer a la que ambos amaban escogió a uno de ellos e, inevitablemente, los amigos se separaron. Ahora la mujer está muerta y el anciano del sombrero ーel anciano que en su día no fue escogidoー, sin saber muy bien por qué ni a qué, va a casa del otro anciano pero no se atreve a pasar de la entrada. El anciano escogido, desde la ventana de su casa, lo ve, lo reconoce y sale a su encuentro. Es un encuentro frío porque no podría ser de otra manera, pero parece que hay cordialidad y entran en la casa.




El anciano que en su día no fue escogido está descolocado, tenso (no se quita el sombrero) y se dedica a jugar con un hilo que sobresale del puño de su camisa mientras conversan sobre trivialidades, hasta que escucha la inevitable pregunta:




La pregunta es una bomba de relojería (para el anciano que en su día no fue escogido y para cualquiera) y titubea buscando una respuesta, duda unos largos segundos hasta que (me gustaría pensar) responde lo que él cree que más se aproxima a la realidad. 





La película la vi hace algunos meses y, aunque me gustó, entró de lleno en el saco de cosas que vamos olvidando sin querer porque no podemos recordarlo todo. Con el paso del tiempo y no escribir nada en este blog (en parte por culpa de hacer cosas que no quiero hacer), la respuesta del señor que en su día no fue escogido, me ha venido a la cabeza: entonces, ¿puede que no olvidemos sin querer del todo?, ¿algo nos queda siempre?, o, ¿puede que recordemos sólo lo que nos atañe, lo que hacemos nuestro?; la historia de la película, incluso su final, los recuerdo vagamente, pero esa respuesta no la olvido porque la hice un poco mía; puedo entenderla perfectamente y darme hasta un poco de miedo entenderla tan bien.  


También he recordado otra escena. Los niños de un colegio van de excursión: los padres de algunos alumnos explican a la clase a qué se dedican. El papá de Marion es biólogo experto en lombrices:



La escena es pura tragicomedia ㅡque es algo que siempre funcionaㅡ, a mí me parece desternillante el baño de realidad que se lleva el pobre lombriciólogo que, a diferencia del anciano que en su día no fue escogido, seguramente sí que está haciendo lo que seguramente siempre quiso hacer pero es incapaz de transmitir su entusiasmo para asegurar el futuro de su ciencia. Al final de la escena reniega de Instagram (y afines) como principal enemigo para consolidar futuras generaciones de lombriciólogos, y recuerdo que pensé ㅡy piensoㅡ que el papa de Marion tiene razón, pero también intenté ponerme en la piel de esos críos y de muchos de los críos que veo a mi alrededor, en cómo les han configurado el mundo (a ellos y a nosotros), con la cantidad de entretenimiento que tenemos a nuestro alrededor es imposible que les puedan interesar las lombrices, ¿a quién coño le pueden interesar las lombrices?, por mucho que me lleve una sorpresa al descubrir que en 1881 el propio Darwin dijera de ellas que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple», pero también: ¿a quién le interesa Darwin hoy en día?, yo mismo sólo sé que fue una figura que alguien con un mínimo de cultura ha de conocer, pero da pereza ir más allá por muy importante que fuera para el mundo. Realmente no sabemos de nada una mierda porque probablemente estemos demasiado ocupados haciendo lo que no queremos hacer y, a la vez, entreteniéndonos para olvidar que hacemos lo que no queremos hacer; la misma mierda que este cartel que veo cada día en el metro pero que el otro día vi con una novedad: 




Campaña de la Generalitat para pagar menos por tu factura del agua. Una tarifa social sobre el canon del agua que te bonifica el 100% en ese impuesto si no superas los 9 metros cúbicos de agua al mes y el 50% si los superas y la novedad: una pintada que nos dice que los 9 metros cúbicos son UNA MIERDA. Yo intuía el tufo de la campaña básicamente porque la chica de la foto parece disfrutar demasiado de la sensación del agua caliente en su rostro cuando lo que nos están diciendo es: "consume poco y pagaras menos, no disfrutes, ves a lo práctico", así que la pintada me invita a investigar un poco porque no sé una mierda y no tengo ni la más mínima idea de cuánto es un metro cúbico de agua, solo soy un mal pensado:

1 metro cúbico de agua = 1.000 litros.

1 ducha de 10 minutos = 200 litros de agua.
1 ducha de 5 minutos = 100 litros de agua.


Pongamos por caso solo dos personas (mi caso), una ducha diaria de la persona que ha escogido vivir conmigo de 10 minutos (no cierra el grifo cuando se enjabona) son (a 30 duchas mensuales, ojo, en invierno) 6.000 litros; más mis duchas de 5 minutos a 30 mensuales ya son 3.000. Con solo las duchas SIN TENER EN CUENTA NADA MÁS que signifique gasto de agua, ya nos hemos gastado los 9 metros cúbicos mensuales. Y pienso: quien hizo la pintada, ¿sabía de antemano cuanto era un metro cúbico de agua?, ¿cuánta agua gastamos en una ducha? o ¿lo tuvo que investigar cómo yo para decidir hacer la pintada? He preguntado a cinco personas de mi entorno y ninguna ha acertado a decirme cuánto es un metro cúbico de agua. Como datos finales decir que este impuesto del canon del agua, en mi caso no supone un 30% de la factura del agua sino sólo el 20%, y en mi caso también, si solicitara esta tarifa social y si me consideraran un colectivo vulnerable (no indican requisitos) y tuviera derecho al 50% de bonificación sobre el impuesto (porque no voy a dejar de ducharme cada día para consumir menos de 9 metros cúbicos, siempre he pensado que la ducha es uno de los mejores momentos del día), mi ahorro mensual serían aproximadamente unos 2,8€, o sea que pienso que no solo no sabemos una mierda de nada sino que además hay gente que se aprovecha de ello. Coger el metro cada día a la misma hora es una de las cosas que no quiero hacer, y la tontería esta del agua sólo es un pequeño truco para evitar pensar que existe una obligación que acato pero que no acepto, la obligación de recorrer esos pasillos, ver las mismas caras tapadas todavía por mascarillas, querer "aprovechar" para leer un poco pero finalmente dejarme arrastrar por los demás y ver la pantalla del móvil para entretenerme con algo que no tenga que ver con lombrices o Darwin. 


En el sitio al que últimamente voy cada mañana a pasar unas horas sin querer hacer lo que voy a hacer allí, el otro día escuché una conversación telefónica de alguien que coincide conmigo en ese espacio físico. 

一 Hola Buenos días Manuel. 
(Manuel, al otro lado del hilo telefónico, dice algo que provoca la risa de la persona que coincide conmigo en ese espacio físico).

一 Ja, ja, ja (un poco forzado pero ja, ja, ja).
(Manuel, al otro lado del hilo telefónico, sigue hablando)

一 Pero Manuel, eso hace meses que se tiene que hacer así.
(Manuel, al otro lado del hilo, vuelve a decir algo que vuelve a provocar la risa de su interlocutora).

一 Ja, ja, ja (hasta ahora escuchaba la semiconversación sin prestar demasiada atención, solo porque forzosamente tenía que oírla por proximidad, pero, después de este segundo ja, ja, ja forzado, esa persona que coincide conmigo en ese espacio físico en el que no quiero estar dijo algo que me amargó todo el día y a lo que le di vueltas durante más días e incluso diré que hizo todavía más acuciante la sensación de no querer estar allí haciendo lo que estaba haciendo:

一 Ja, ja, ja, sí que estás tú animado para ser lunes

Me puse super triste, le veo hasta un transfondo apocalíptico. Juzgar la frase los que leáis estas líneas, a lo mejor no hay para tanto y yo lo veo todo distorsionado con la tontería esta de no hacer lo que quiero hacer (como si no lo hiciéramos constantemente, como si no fuera la manera más habitual de vivir, como si no tuviéramos ya que ser inmunes a sus efectos, como si fuera tan fácil saber lo que se quiere hacer). Ya han pasado días desde que escuché la frase y ya estoy mejor (😂) . En ese sitio al que no quiero ir las mañanas, procuro últimamente acercarme más a esa persona autora de la frase; cada día voy trabajando con ella una simpatía forzada, intentando ganarme su confianza con el único objetivo de llegar a un lunes que, llevada al límite mi simpatía, me pueda soltar a mí la misma frase y pueda debatir con ella su significado de mierda.



Acabo una novela que me ha gustado a ratos y una de las cosas que me han gustado es su última página de agradecimientos:



Y pienso que no sucumbir a las cosas que no queremos hacer depende también de eso, de nuestra genialidad.