viernes, 23 de julio de 2021

LOS NUMEROS DEL PRÓXIMO SORTEO DE LA PRIMITIVA

 

Voy muy a menudo a librerías de segunda mano. A veces voy con títulos en la cabeza y otras veces voy sólo por ir a ver si algo me llama la atención, aunque lo normal, aparte de no comprar nada, es que combine ambas intenciones porque los títulos que llevo en la cabeza es casi un milagro encontrarlos a un precio que me pueda permitir (a veces ha pasado y entonces, super feliz, le hago algún comentario entusiasta sobre ello al dependiente/a esperando una reacción que le dé un buen colofón al feliz momento, pero casi siempre la reacción es amable sin más, fría, como diciendo «y a mí qué me cuentas, felicidades» lo cual me hace pensar en nuestra capacidad para alegrarnos verdaderamente de las felicidades de los demás, pero pienso eso solo unos segundos, para luego pensar que soy muy tonto)

Planifico las rutas para ir de librería a librería andando, aunque estén separadas, por una buena caminata de una hora, o incluso de un par de horas: mi economía no está para muchos trotes y escojo mis piernas antes que gastar viajes de mi tarjeta de metro. También es una manera de darle sentido a grandes paseos; aunque también me gusta pasear sin rumbo, reconozco que cuando paseo hacía una de esas librerías de segunda mano lo hago más contento, más expectante (si es que la expectación puede ser sinónimo de alegría). Librerías de segunda mano hay de muchos tipos: libros raros y curiosos (es un slogan de muchas de estas librerías), libros descatalogados, especializadas en temáticas diversas, incluso, una librería de un señor de 80 años que hace mucho tiempo que no ve las paredes de su casa y decide alquilar un local para vender sus libros, porque como él mismo dice:

«Como que esto no me lo puedo llevar al otro mundo que es lo que me gustaría, la biblioteca, he decidido vender poco a poco, que es una profesión nueva para mí»

https://beteve.cat/societat/alberto-costa-vei-gracia-llibreria-biblioteca-venda-joan-blanques/

Como decía, librerías de segunda mano hay de diversos tipos, pero yo, forzado por el tema de mi economía, me he «especializado» en las que ofrezcan su material lo más barato posible y en este sentido son dos las que componen mi coto de caza:

Red-Read, modelo de negocio basado en una pura franquicia. Si les interesan te compran los libros por 0,20€ cada uno y los venden por 3€ (dos libros 5€ y cinco libros 10€). Voy tanto que cada vez que voy salgo pensando que es un negocio redondo, que me voy a largar a cualquier ciudad en la que busquen franquiciados (en Barcelona ya no) y jugármela, aunque sé que hay un 99% de posibilidades que no lo haga por los temas de siempre. Hay mucha morralla literaria, o sea, de la que realmente vende. Veo muchas veces a gente vendiendo bolsas y bolsas de libros y me doy un poquito de asco a mí mismo porque no puedo evitar pensar que no tienen demasiada cara de lectores (como si los lectores tuvieran cara de algo, pero yo me entiendo) y que seguro que están vendiendo esos libros de un familiar muerto y aunque consigan poco, «algo es algo». 

Llibre Solidari, son una ONG que no compra libros, todo está basado en donaciones y los beneficios van directos a su obra social, principalmente a familias necesitadas derivadas de servicios sociales (según información de su web). El precio de los libros oscila, pero nunca por encima de los 5€. También hay mucha morralla literaria, pero puede ser más común encontrar cosas más interesantes: me gusta imaginar a un buen lector (esta vez sí, con su cara de buen lector, como si los buenos lectores tuvieran cara de algo, pero yo me entiendo) que por motivos muy graves ha tenido que deshacerse de algunos de sus buenos libros y que antes de venderlos por 0,20€ prefiere regalarlos a desconocidos porque quizás no tienen conocidos que los sepan apreciar. 

Ambos tipos de librería, aparte de vender libros de segunda mano, sólo tienen un punto en común: NO ACEPTAN ENCICLOPEDIAS, nadie quiere enciclopedias, ya no tienen ningún tipo de utilidad; han sido vencidas y humilladas aunque no puedo evitar explicar el maravilloso caso de un compañero de trabajo que cada vez que se pone nervioso por algún tema laboral empieza a hablar en un lenguaje extraño e incomprensible. Interrogado acerca de ello nos explicó que no era ningún lenguaje sino que, cada vez que se ponía nervioso, le relajaba mucho pensar en los tomos de la Enciclopedía Catalana que estaban en la estantería de la casa de sus padres, encima del televisor. Fueron muchos años viendo esos tomos cuando veían la tele en familia, hasta el punto que memorizó las letras que englobaban cada tomo y los recitaba en voz alta para calmarse:

A-AMI, AMI-BAG, BAG-BUI, BUIX-CEPT, CER-CURN, CURO-ESPAL, ESPAM-GARRI... 



En esos libros de segunda mano no es extraño toparse a veces con algunas cosas entre sus hojas: no sé bien si cosas utilizadas a modo de punto de libro o cosas que llegaron a las manos de los antiguos dueños de esos libros y que, por los motivos que sea, decidieron salvar de la basura y resguardarlas entre las páginas de los libros que todavía no sabían que en el futuro venderían o donarían. Me jugaría un brazo que en el momento de la venta o donación ni se acordaban de esas cosas dejadas alguna vez entre las páginas de los libros que estaban a punto de dejar de ser sus libros. 

Yo siempre respeto las cosas que me encuentro entre las páginas de esos libros que ahora son míos. Las dejo en su sitio aunque ahora me permito el lujo de sacar a la luz algunas de ellas: 

COSA 1:



Podríamos decir que es un clásico de las ciudades que corre en diferentes versiones, que aparece siempre en sitios imprevistos y que el antiguo dueño del libro creyó oportuno guardar quizás porque, como yo, siempre había pensado que un vidente es quién puede ver el futuro pero ya está ¿no?; pero este miembro en concreto de la familia mandingue va más allá y cura de todo (me gusta especialmente lo de «prevé los peligros indicando las precauciones a tomar», sobre todo porque ayer me caí con el patinete en un socavón en la acera que no vi y tengo una rascada tremenda en el codo). No he podido resistir memorizar su número en mi agenda y constatar que desgraciadamente no tiene WhatsApp ni Telegram.

COSA 2:

 



Esta es de mis preferidas. Tiene miles de explicaciones, muchas de ellas con niños de por en medio, pero yo pienso en un adulto en la terraza de un bar de Toledo, intentando relajarse, agobiado con tanta visita y que imagina a este funambulista imposible que va cuesta abajo ーo, más jodido todavía: cuesta arribaー y que, rápido, guarda ーy olvidaー este folleto de la Audio guía entre las páginas de mi futuro libro porque llega del lavabo su acompañante; todavía no se conocen demasiado y no sabe si su funambulista imposible puede provocar algún tipo de decepción. 


COSA 3:


He dudado mucho si compartir esta foto del boleto de la primitiva que encontré en uno de esos libros de segunda mano. No soy jugador habitual, pero evidentemente se han convertido en los números a los que juego cuando me acuerdo. Está claro que son unos números que en su día no tocaron (lo he comprobado) pero que están predestinados a tocar, el problema es ¿cuándo? Comprenda quién lea esto que es un acto de bondad infinita y desinteresada compartir los números con los lectores de este Blog y que ellos decidan tentar a la suerte. También he pensado que el título de la entrada podría hacer que aumenten mis lectores porque soy muy torpe promocionándome. Sería de agradecer que sí, con estos números, a alguien le cae algo una semana en la que a mí se me haya pasado jugar, que tenga un detalle hacia mi persona.  


Capítulo aparte (y final ) merecen las dedicatorias de esos libros de segunda mano. También tengo bastantes, muy similares todas, pero tengo una que me robó el corazón desde el primer momento y que leo y releo muchas veces (el libro todavía no lo he leído):



23-04-96

«ESPERO QUE LA PROVISIONALIDAD DE NUESTRA RELACIÓN DURE AL MENOS HASTA QUE PUEDA REGALARTE OTRO»

Día de Sant Jordi de hace 25 años. Por mucho que el libro no me hubiese gustado, yo nunca me hubiese desprendido de él solo por esa dedicatoria, aunque la relación a la que alude se hubiera quedado tan solo en provisional, pero, claro, ¿quién soy yo, sin saber nada más allá de esas palabras, para juzgar al antiguo dueño del ahora mi libro?   

Una vez más me pongo a imaginar: la cara del antiguo dueño al recibir el regalo del libro, al leer la dedicatoria; la cara de quién lo regala, buscando cualquier gesto de complicidad o de alguna clase, no ya ante el regalo del libro, sino ante la dedicatoria:

QUIEN ESCRIBE LA DEDICATORIA:

一 Si ya lo tienes dímelo, será imposible cambiarlo por la dedicatoria pero te compro otro y te escribo lo mismo. 

QUIEN LEE LA DEDICATORIA:

一 Muchas gracias, no, no lo tengo. No me lo esperaba, yo no te he comprado nada.

QUIEN ESCRIBE LA DEDICATORIA:

一 No te preocupes.

QUIEN LEE LA DEDICATORIA:

一 Espero que la provisionalidad de nuestra relación dure al menos hasta que pueda yo regalarte un libro.

QUIEN ESCRIBE LA DEDICATORIA:

(Sonríe) 

一 Te quería comentar... ¿tienes planes para Semana Santa?, ¿conoces Toledo?, mis padres tienen una casa. 





domingo, 16 de mayo de 2021

SIEMPRE QUE ALGUIEN TOSE EN UNA PELÍCULA ES QUE VA A MORIR


Siempre he tenido muy claro que cuando alguien tose en una película es que va a morir.


La película es Cronaca Familiare (1962) de Valerio Zurlini, un peliculón triste, en el que Mastroianni es el hermano mayor que, a pesar de esa fea tos, sobrevive al final para asistir a la muerte de su hermano pequeño. La película está basada en el libro del mismo título del escritor Vasco Pratolini, en el que se describe la relación afectiva del escritor con su hermano. Separados desde muy pequeños (muere la madre, del padre no se sabe nada y la abuela, por pura miseria, no puede con los dos), al hermano menor lo educa el mayordomo de un conde que le inculca una educación severa y destinada a hacer del muchacho alguien en la vida. Con el paso de los años, los hermanos se reencuentran. La misería no ha mejorado mucho pero mantienen una relación afectiva hasta que el hermano menor es diagnosticado de una rara enfermedad y muere, a pesar que el que tose durante toda la película es el hermano mayor; o sea que no, no siempre que alguien tose en una película es que va a morir, quizás en la mayoría de veces se muere, pero no en todas y puede ser una tontería sin importancia pero a mí siempre me gusta descubrir excepciones. 



 Leyendo sobre historia medieval llego a la leyenda sobre la concepción del futuro rey Jaume I. Su padre, Pere II el Católico, se casó el 15 de julio de 1204 con María de Montpellier. María era hija de Eudoxia Comnena, noble de la familia real bizantina que fue enviada a la Provenza para casarse con Alfonso II de Aragón (padre de Pere II, abuelo de Jaume I), pero cuando llegaron a su destino se encontró que el rey Alfonso ya se había casado con Sancha de Castilla. Ante este desplante, Eudoxia no tuvo más remedio que casarse con el señor de Montpellier Guillermo VIII. De este matrimonio nació María de Montpellier, pero como Guillermo ansiaba un varón se divorció de Eudoxia que fue mandada a un monasterio hasta su muerte en 1203. María no tiene mejor suerte que su madre: se casa con doce años con un vizconde de Marsella del que enviuda en tan solo unas semanas y su padre, Guillermo VIII, para alejarla de Montpellier y de su herencia, la casa en 1197 con Bernardo conde de Cominges y tiene dos niñas. Su padre la repudia poco antes de morir y en 1201 Bernardo se separa de ella de acuerdo con Pere II el Católico para que este se pudiera casar con ella y reclamar Montpellier bajo la figura de María como legítima heredera. El interés de Pere II en María era nulo, solo se había casado con María con la intención de ganar posición en Montpellier y combatir mejor a sus enemigo en Occitania. Así se fragua la leyenda en una noche de primavera de 1207 en el palacio de Mirabais en Montpellier: los cronistas Ramon Muntaner y Bernat Desclot explican que, en una de las visitas del rey a Montpellier,  fue necesario engañarlo para que se acostara con María. Los nobles de Montpellier hablan con Guillem de Alcalà, hombre de confianza de Pere, que convence al rey para acudir a una cámara en la que encontraría a una dama de la corte que Pere hacía tiempo que deseaba (aunque hay versiones de la leyenda que dicen que fue la propía María la que urdió todo con Guillem de Alcalà). En la más completa oscuridad quién realmente estaba en esa cama era María. Detràs de la puerta de la cámara todo un séquito de vasallos, barones del reino, religiosos, notarios y oficiales del obispo sostenían cirios encendidos para proveer el encumbramiento. Con la luz del día, todos los «testigos» abren la puerta de la estancia haciéndole ver al rey con quién realmente se había acostado y Pere huye malhumorado pero bien follado. 


 
No me importa la veracidad de la leyenda que seguramente es mucho más emocionante que lo que verdaderamente pasó con ese coito, lo que me ha reavivado la leyenda es volver a pensar en una idea de esas que apunto en libretitas para que alguna vez se conviertan en algo pero que casi nunca se convierten en nada: crónicas televisivas in situ de algunos sucesos históricos anteriores a la creación de la televisión. Con la leyenda sobre Jaume I me imagino al rey Pere cabreado al salir del palacio y montando en su caballo, llevándose por delante a algunos papparazis que lo atosigan micro en mano; me imagino a la reina María explicándolo todo en un programa de máxima audiencia por episodios; me imagino a alguna doncella de palacio vendiendo su información en un programa del corazón. Me lo imagino todo hasta que, como siempre, me topo con esto sobre la Comuna de París del 28 de marzo al 28 de mayo de 1871:




La Comuna de París gobernó la ciudad durante 60 días y allí estaba esa televisión que cubre la noticias de las elecciones libres que los insurgentes celebran el 26 de marzo de 1871 en las que se aprobaron los motivos de la revuelta y que constituyen la Comuna de París dos días más tarde. Ninguna puta idea es original, todo son variantes de algo ya pensado.

Voy paseando con los oídos bien abiertos a lo que escucho de pasada. Ese escuchar de pasada siempre me ha encantado. NO es quedarte a escuchar demasiado más porque eso sería premeditado. Todo tiene que ser absolutamente de pasada, si te quedas mucho tiempo a profundizar en lo escuchado o en quién lo ha dicho se pierde toda la magia. El último domingo en una de las paradas de libros del mercado de Sant Antoni ojeaba libros sin demasiada ilusión de encontrar algo interesante. Tenía a mi lado una niña con un libro abierto en la mano, fue hasta la última página y dijo muy sorprendida:
- ¡Tiene 716 páginas!
Fue algo muy breve, no hubo ningún atisbo de pedirle a la madre que le comprara el libro, simplemente la niña se sorprendía del número de páginas y me quedó la duda de saber si la sorpresa era hacía el autor que había podido escribir 716 páginas o sobre alguien capaz de leer 716 páginas. Me marché muy rápido por lo de no romper la magia, pero me quedó en la memoria la portada del libro. Volví más tarde a comprobar qué libro era y lo compré sin importarme demasiado título, ni autor (al que conocía y no me apasionaba) ni si quiera me importó que fuese de Círculo de Lectores, ediciones de las que huyo siempre.


Esta foto es de una zona habitual de mis paseos. Hay un parque en la parte de abajo, en la entrada del metro y hay un ascensor para subir al nivel de la calle.



Hace unos días estaban tres niños jugando (intuyo) a subir y bajar por ese ascensor. En la pasarela que hay entre la puerta del ascensor y el nivel de la calle  y justo en el momento en el que pasaba a su lado, uno de los niños (el más osado, el más líder, el más lo que sea) elevo una de sus piernas hasta ponerla encima de la barandilla de la pasarela y gritó:

- ¡Me voy a matar!





Me quedó la duda si lo hacía siempre cuando alguien pasaba para llamar la atención, o si fue algo espontáneo porque el juego de subir y bajar del ascensor aburría y ya no daba para más. Como la niña del mercado de Sant Antoni, podríamos decir eso de «cosas de niños» (cosas insondables), y quedarnos tan panchos, sin necesidad de darle la más mínima importancia o de dejarlo reflejado en un blog que no lee nadie (o casi nadie). Pero no puedo dejar de pensar en esos niños dentro de 20 años: si recordaran esos comentarios como yo los recuerdo ahora o, incluso, a mí de anciano que nunca sabrá si me puedo topar con ellos, ya adultos, en la cola de un supermercado, en el metro o como famosos de la tele, internet o el puto deporte. En todo caso, con esto mío de lo de escuchar de pasada, me topo, como siempre, con esto de Vila-Matas:

Esta vez me queda el consuelo que yo no procuro espiar, y tampoco circunscribo mi escucha al transporte público (aunque lo reconozco una fuente inagotable de buenas escuchas).
La persona que ha escogido vivir conmigo y yo somos auténticos fans de las pipas. Pipas sin sal por supuesto. Nuestra vida en casa no se entendería sin pipas (como nuestra vida no se entendería sin nuestra vida en casa). Probamos de todas las marcas, aunque con el tiempo hemos descartado las más standards como Churruca, Grefusa o Frit Ravitch. Dicen que las Facundo son buenísimas pero nos negamos a probarlas por este mensaje imbécil en sus bolsas:


Durante mucho tiempo nuestras favoritas han sido las del Mercadona, pero últimamente son demasiado grandes y han sido desbancadas por las pequeñitas de Bon Area, preciosas todas apretadas en su bolsa, en una composición casi cubista: 

Nos ponemos nerviosos cuando nos estamos quedando sin pipas. Vivimos pendientes de nuestras reservas. A veces, cuando sólo come uno porque al otro no le apetecen, al poco rato, al que no le apetecían se pone a comer también: no sé si porque le han venido las ganas de golpe o porque le da rabia ver al otro comer lo que significa que vayan bajando las reservas (aunque en el armario de la cocina hayan cinco paquetes más). En todo caso, esta vez sí que me he puesto muy contento al releer a Pérez Andujar y toparme con esto: