A mi pesar han pasado demasiados días desde la primera peste a ajo. Entre otros, uno de los principales motivos es que este tema me ha paralizado, me ha superado, he vivido demasiado pendiente del tema como un ansioso con su ansiedad. Ha ido dando vueltas en mi cabeza, mezclado con los temas de siempre, pero ganándose a codazos un lugar de privilegio, o sea que es evidente que lo he buscado, a veces sin querer, porque yo veo que el tema está muy en todas partes: buscamos y nos sentimos orgullosos cuando localizamos a un imbécil y lo damos a conocer al mundo, y nos gusta hablar de ellos, para corroborar siempre que los imbéciles son los otros y nosotros no tanto, lo cual también es un poco imbécil. Esto último lo digo un poco por lo de superado por el tema: veo tanto imbécil que he comenzado a dudar de mi criterio para pensar que alguien es imbécil, ¿cómo pueden haber tantos?, ! si son casi todos!, ¿pero cómo no voy a decirle que es un imbécil, si lo está pidiendo a gritos?, son las preguntas inevitables que, al menos, te tienen entretenido hasta el punto de no tener claro si maldecir a los imbéciles o defender su existencia. Lo que tengo claro es que tengo que poner punto y final a esta imbecilidad sobre los imbéciles porque no llego al sosiego de ninguna certeza, como decía Onetti en boca de uno de esos personajes que no paraban de fumar tirados en la cama mirando al techo.
Recordad que en la primera peste a ajo escribía sobre alguien que en una red social se definía así:
Recordad que en la primera peste a ajo escribía sobre alguien que en una red social se definía así:
La persona que ha escogido vivir conmigo me dijo que le parecía alguien muy coherente. No lo puedo evitar, pero siempre que alguien que me importa me lleva la contraria en algo, o no se deja llevar por donde le quiero hacer pasar, me parece que entonces mi argumento es fallido porque pienso que no he podido convencer, ni siquiera, a quién me importa y, se supone, que yo le importo. Es estúpido, sí, lo reconozco, no es ni siquiera justo, ni para nosotros ni para esos otros que nos importan...hay que seguir luchando contra este afán tan mío (tan nuestro) de hablar solo para intentar convencer.
— pues a mí me parece muy coherente.
— ya, pero es que la imbecilidad, la idiotez... son muy coherentes.
— para él es muy importante hacer negocios, seguramente será su pasión.
— ya, pero decir que es la forma de arte más fascinante...hacer negocios es hacer dinero y situarlo por encima de todas las artes...
— para él sí.
— pues que hubiese escrito: hacer negocios es lo mejor de la vida.
— pero es que, a lo mejor, hacer negocios es un arte, ni tú ni yo hemos hecho negocios nunca, no lo podemos saber
— tampoco hemos pintado un cuadro nunca y bien le damos el valor que se merece.
— pintar un cuadro también puede ser una forma de negocio, ese cuadro, entre otras cosas, se pinta para ser vendido.
(Segundos de silencio)
— ¿qué vamos a cenar esta noche?.
Tengo muchos ejemplos de imbecilidad sacados de las redes. Algunos también generaron debate con la persona que ha escogido vivir conmigo, de hecho no quería que colgase este, pero (lo siento) no me puedo resistir porque, a pesar de lo crudo, yo le sigo viendo tufo de imbecilidad. Juzgad vosotros, yo ya no sé ni lo que digo.
No quería hacerlo por eso del respeto y bla, bla, bla... pero es imposible no hablar de las connotaciones políticas. Connotaciones políticas que necesitan hacer lo más públicas posible frente a lo que supongo que es el sin sentido de sus vidas sin que una connotación política afín a ellos tenga el poder. No quiero decir que sean imbéciles por sus connotaciones políticas, creo que lo son principalmente antes de tenerlas y precisamente por eso las tienen. Algunos, incluso, son conscientes de sus limitaciones:
Otros hacen juegos de palabras absolutamente maravillosos:
Algunos están tan compungidos que buscan y rebuscan por si cuela, sin importarles si quiera ya no solo hacer gala de su estupidez extrema si no de un claro problema mental. (Foto del acto de homenaje a las victimas Covid-19):
Lo que genera un debate apasionante hasta que....
Aun así, hay algún imbécil no demasiado convencido:
Y lo que sigue es tan sumamente imbécil, tan destinado a los imbéciles superiores que es hasta misterioso para el resto de los mortales:
He querido ver en la red social de un hotel si están abiertos y leo una entrada en la que informan que sí que están abiertos con mascarilla, distancia e imbéciles:
Hay un video facha muy gracioso sobre la inauguración del nuevo bar del chino franquista que hay en Madrid que se llama "Una grande y libre" y cómo le han llenado de pintadas antifascistas la fachada:
La señora franquista "periodista" que hace el video hacia el final (03:57) entrevista al chino franquista, y empieza con esta pregunta llena de fina ironía:
Señora franquista — ¿cómo te encuentras con la democracia de Corea del Norte del chepas?.
Pero el momento que encuentro más absolutamente brillante del video precisamente porque da pie a todo tipo de elucubraciones acerca de qué pasa por la mente de estos seres, se da a partir del minuto 01:55, en el que la señora franquista "periodista" quiere hacer entrevistas con algunos vecinos que están en la puerta del local, pide permiso diciendo "les importa que..." y tiene dos opciones para entrevistar.
La persona de la izquierda es una persona oriental así que el instinto periodístico de la señora franquista "periodista" le dice que la entrevista será muchísimo más jugosa si se la hace a la otra persona, gira la cámara del móvil hacía él y dice:
USTED...USTED QUE MÁS O MENOS......
He conseguido aislar toda la escena:
USTED...USTED QUE MÁS O MENOS...... ¿Usted que más o menos qué?, ¿usted que más o menos recorre el barrio con su cochecito y estará informado?, ¿qué ha pasado por la mente de la señora franquista "periodista?. La pregunta y la respuesta del señor son también brillantes, pero el misterio de ese "usted que más o menos..." se te queda en la cabeza dando vueltas como los misterios de civilizaciones desaparecidas sin causas claras. Ya vengo avisando que estoy fatal con el tema.
Y luego hay cosas que realmente te hacen dudar si son reales o detrás hay alguien que maneja los hilos de la comedia:
El señor recibe algún reproche, pero él es un hombre fiel a lo que dice:
No publican nada desde septiembre 2019 y era un perfil falso pero no me he podido resistir a incluirlo:
Y un señor preocupado y un señor más directo:
No hay punto final. Es algo inmenso porque si está en las redes también está en la calle y es inabarcable. Menos mal que encontré este librito de 1782:
Una estupidez que es del XVIII pero podría ser de ahora mismo. En el libro es la propia estupidez la que habla (se hace escritora como dice el propio autor):
"¡ cómo no me voy a sentir honrada contemplando a la multitud alabándome, y viendo cómo este orgullo me lleva en volandas a seguir dando todavía más !"
"La estupidez es el remedio universal largo tiempo buscado contra todas las enfermedades. Pensad en el ser humano feliz cuyo estómago nunca se ha visto perturbado por la cabeza durante la digestión, y que nunca ha malgastado su vigor interno en la fertilización del menor pensamiento: su cuerpo es la vida imagen de la salud. Es experto en el arte de tener hambre, comer y digerir, pues es el único que domina, al menos el único en el que su alma participa. Su cabeza no es un taller de pensamientos, pero tampoco de dolores. No conoce el mal de la hipocondría, que priva al intelectual de todas las alegrías que parecería despreciar antes"
"Hago feliz al idiota tanto en su cabeza como en su corazón. Es cierto que no le proporciono la sabiduría pero sí la creencia de que la posee. No se arriesgará jamás a ir por el océano de la duda para navegar hacia la tierra de la verdad. Nunca lee otros libros que los que le arrullan llenándole su alma de esperanza y su cuerpo de sueño. Hago a todo idiota orgulloso y, en esa medida, feliz"
Me encanta esa frase final: "hago a todo idiota orgulloso y, en esa medida, feliz", orgullo y felicidad... por eso les envidio un poco, me gustaría ser un imbécil más profundo para ser feliz y orgulloso. Precisamente por esta confesión que os hago voy a dejar de hablar de ellos. Me habéis vencido y convencido por cansinos; y el más imbécil de todos: yo.
Como colofón os dejo un video precioso: