La persona que ha escogido vivir conmigo se queja a menudo que, en casa, por la noche, coge frío en los riñones y eso le provoca ligeras infecciones de orina o directamente dolor en la zona de los riñones. Desconozco si hay una certeza medica en lo que dice, dudo un poco, pero he decidido firmemente no consultar nada medico por internet, aunque en este caso no se refiera a ninguna dolencia mía, conozco el poder de mi hipocondría y una cosa me llevaría a la otra... Lo que sí que tengo claro (porque lo vivo y lo veo) es que utiliza unas camisetas para dormir muy demasiado cortas que dejan continuamente sus riñones al aire; o que tumbada en el sofá, cuando se queda dormida, por la postura, se le sube la camiseta, dejando también sus carnes al aire, cosa que tendría que notar (yo lo notaría) y no hace el gesto de bajarla (como yo haría). En todo caso, me culpa a mí, que soy de dormir inquieto y mis movimientos buscando el sueño provocan «ventoleras» (por cosas como esta yo también he escogido vivir con esa persona) que amenazan a sus riñones. Algunas veces le he hecho notar —sin demasiado énfasis, lo reconozco porque la conozco— lo que opino del tema pero no me ha hecho el más mínimo caso, lo cual refleja una fidelidad a sí misma que yo envidio a pesar de sus acusaciones que intuyo desproporcionadas.
Lo mismo me pasa a mí con este blog: me pongo contento cuando lo escribo y me agobio cuando pasa el tiempo y no escribo nada como es el caso. Pero me consuelo un poco al echarle la culpa a cosas, cosas que son «ventoleras», pero es que las muy asquerosas (las cosas, las «ventoleras») también me ponen contento, con ganas de silbar:
Las «ventoleras» me hacen desear asistir a conversaciones espontáneas como esta en el transporte público, en la que, ante la frialdad de los gestos autómatas de cada día, un desconocido (sin desmerecer a mis conocidos siempre he sido mucho de desconocidos) aclara quién tiene la culpa de todo:
EL DIABLO, PROBABLEMENTE, un culpable que tiene sus adeptos y al que siempre hay que tener en cuenta, algunos, incluso, lo tienen en cuenta de manera que yo no sé si podría por su mala fama, pero quizá porque no lo he intentado y me parece interesante empezar a probarlo:
Yo, incluso enamorado, las «ventoleras» me hacen,
sin remediarlo, estar asquerosamente cercano a esta respuesta, pero ¿quién no?,
gracias a Dios (o al Diablo como segunda opción):
¿Qué tienen las «ventoleras» que a todas las horas llora que llora por los rincones?, y yo soy muy tonto, me es imposible no atender a su llanto, a sus cariños, aunque me estorben:
Salen las «ventoleras» de los sitios más insospechados, por ejemplo, del inventario recién realizado de los 697 bienes históricos que el Dictador guardaba en el del pazo de Meirás, en el que me encuentro con:
Aubusson (como el Dictador si me permitís el chiste fácil), comuna de Francia, región de Lemosin, departamento de Creuse, es la capital europea de la tapicería, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad según la Unesco, en la que un tal W.Chocqueel, cuyo nombre completo era Winoc Félix Adolphe Emmanuel Chocqueel (1812-1871) hace negocios como comercial de tapices según un compendio de historiadores económicos del departamento du Nord en Francia (Chocqueel había nacido en Bergues, en dicho departamento, cerca de la frontera con Holanda, a pesar que Aubusson se situa en pleno centro de Francia ). Según el compendio, que versa sobre las élites económicas de la región, Chocqueel, a fecha de 28 de febrero de 1875 tiene un gran patrimonio para la época, además de un castillo:
El castillo de la Briarde en Westcappel, próximo a Bergues:
Los actuales propietarios (que no viven en el castillo ¿quién viviría tranquilo ahí?), Mme et M Bertrand Deleplanque (notario en Dunkerque) hacen ellos mismos visitas guiadas al castillo en las que explican que a finales de mayo del 1940, cuando la Alemania nazi había derrotado al ejército francés, empezó la operación Dinamo, operación de evacuación de las tropas aliadas en territorio francés. Se trataba de retrasar el avance de las tropas alemanas para que los aliados pudieran salir de Francia por Dunkerque. Al final unos 330.000 soldados aliados fueron rescatados. El castillo de la Briarde fue un punto elegido por las tropas británicas para retrasar el avance nazi. Estas tropas británicas, en su mayoría soldados galeses, utilizaron los árboles del parque del castillo para grabar corazones, o sus iniciales y las de sus novias o esposas en la corteza de los árboles. Aún hoy en día se pueden ver:
En una bonita casualidad, en esta última fotografía se ve claramente la inicial de mi nombre sobre la inicial del nombre de la persona que ha escogido vivir conmigo.
Estamos continuamente preocupados por darle un sentido a las cosas, como si fuese una obligación buscarles un sentido, por eso las maneras de inventarnos nuestro sentido siempre nos acompañan; las «ventoleras» siempre me acompañan, y seguro que lo seguirán haciendo porque no sé cómo dejar de hacerles caso, de buscarlas, incluso de sentirme protegido con ellas. Si van a estar ahí, solo me queda aprender a aprovecharme de ellas como he empezado a hacer ahora mismo, durante todas estas letras, y, sobre todo, hace un momento cuando he utilizado la última fotografía de los árboles, la que se ve mi inicial y la de la persona que ha escogido vivir conmigo. Ese árbol con esa inscripción no está en el parque del castillo de la Briarde ni la ha hecho ningún gales a finales de mayo de 1940. El árbol está en el parque de la Trinitat Nova en Barcelona y la inscripción la he hecho yo mismo una tarde buscando también frenar el avance de algún que otro ejército. Parecía bonito antes de mi confesión, pero he de ser fiel a las «ventoleras».