jueves, 31 de diciembre de 2020

«VENTOLERAS»

La persona que ha escogido vivir conmigo se queja a menudo que, en casa, por la noche, coge frío en los riñones y eso le provoca ligeras infecciones de orina o directamente dolor en la zona de los riñones. Desconozco si hay una certeza medica en lo que dice, dudo un poco, pero he decidido firmemente no consultar nada medico por internet, aunque en este caso no se refiera a ninguna dolencia mía, conozco el poder de mi hipocondría y una cosa me llevaría a la otra... Lo que sí que tengo claro (porque lo vivo y lo veo) es que utiliza unas camisetas para dormir muy demasiado cortas que dejan continuamente sus riñones al aire; o que tumbada en el sofá, cuando se queda dormida, por la postura, se le sube la camiseta, dejando también sus carnes al aire, cosa que tendría que notar (yo lo notaría) y no hace el gesto de bajarla (como yo haría). En todo caso, me culpa a mí, que soy de dormir inquieto y mis movimientos buscando el sueño provocan «ventoleras» (por cosas como esta yo también he escogido vivir con esa persona) que amenazan a sus riñones. Algunas veces le he hecho notar —sin demasiado énfasis, lo reconozco porque la conozco— lo que opino del tema pero no me ha hecho el más mínimo caso, lo cual refleja una fidelidad a sí misma que yo envidio a pesar de sus acusaciones que intuyo desproporcionadas. 

Lo mismo me pasa a mí con este blog: me pongo contento cuando lo escribo y me agobio cuando pasa el tiempo y no escribo nada como es el caso. Pero me consuelo un poco al echarle la culpa a cosas, cosas que son «ventoleras», pero es que las muy asquerosas (las cosas, las «ventoleras») también me ponen contento, con ganas de silbar:



Las «ventoleras» me hacen desear asistir a conversaciones espontáneas como esta en el transporte público,  en la que, ante la frialdad de los gestos autómatas de cada día, un desconocido (sin desmerecer a mis conocidos siempre he sido mucho de desconocidos) aclara quién tiene la culpa de todo:





 
EL DIABLO, PROBABLEMENTE, un culpable que tiene sus adeptos y al que siempre hay que tener en cuenta, algunos, incluso, lo tienen en cuenta de manera que yo no sé si podría por su mala fama, pero quizá porque no lo he intentado y me parece interesante empezar a probarlo: 





 

Yo, incluso enamorado, las «ventoleras» me hacen, sin remediarlo, estar asquerosamente cercano a esta respuesta, pero ¿quién no?, gracias a Dios (o al Diablo como segunda opción):

 






Yo, incluso feliz algunos momentos como opción de ser humano, las «ventoleras» me hacen desear ser animal para haber asistido en vivo a la boda más bonita del mundo:







¿Qué tienen las «ventoleras» que a todas las horas llora que llora por los rincones?, y yo soy muy tonto, me es imposible no atender a su llanto, a sus cariños, aunque me estorben:



Salen las «ventoleras» de los sitios más insospechados, por ejemplo, del inventario recién realizado de los 697 bienes históricos que el Dictador guardaba en el del pazo de Meirás, en el que me encuentro con:


Aubusson (como el Dictador si me permitís el chiste fácil), comuna de Francia, región de Lemosin, departamento de Creuse, es la capital europea de la tapicería, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad según la Unesco, en la que un tal W.Chocqueel, cuyo nombre completo era Winoc Félix Adolphe Emmanuel Chocqueel (1812-1871) hace negocios como comercial de tapices según un compendio de historiadores económicos del departamento du Nord en Francia (Chocqueel había nacido en Bergues, en dicho departamento, cerca de la frontera con Holanda, a pesar que Aubusson se situa en pleno centro de Francia ). Según el compendio, que versa sobre las élites económicas de la región, Chocqueel, a fecha de 28 de febrero de 1875 tiene un gran patrimonio para la época, además de un castillo:


El castillo de la Briarde en Westcappel, próximo a Bergues: 



Los actuales propietarios (que no viven en el castillo ¿quién viviría tranquilo ahí?), Mme et M Bertrand Deleplanque (notario en Dunkerque) hacen ellos mismos visitas guiadas al castillo en las que explican que a finales de mayo del 1940, cuando la Alemania nazi había derrotado al ejército francés, empezó la operación Dinamo, operación de evacuación de las tropas aliadas en territorio francés. Se trataba de retrasar el avance de las tropas alemanas para que los aliados pudieran salir de Francia por Dunkerque. Al final unos 330.000 soldados aliados fueron rescatados. El castillo de la Briarde fue un punto elegido por las tropas británicas para retrasar el avance nazi. Estas tropas británicas, en su mayoría soldados galeses, utilizaron los árboles del parque del castillo para grabar corazones, o sus iniciales y las de sus novias o esposas en la corteza de los árboles. Aún hoy en día se pueden ver:







 



En una bonita casualidad, en esta última fotografía se ve claramente la inicial de mi nombre sobre la inicial del nombre de la persona que ha escogido vivir conmigo. 

Estamos continuamente preocupados por darle un sentido a las cosas, como si fuese una obligación buscarles un sentido, por eso las maneras de inventarnos nuestro sentido siempre nos acompañan; las «ventoleras» siempre me acompañan, y seguro que lo seguirán haciendo porque no sé cómo dejar de hacerles caso, de buscarlas, incluso de sentirme protegido con ellas. Si van a estar ahí, solo me queda aprender a aprovecharme de ellas como he empezado a hacer ahora mismo, durante todas estas letras, y, sobre todo, hace un momento cuando he utilizado la última fotografía de los árboles, la que se ve mi inicial y la de la persona que ha escogido vivir conmigo. Ese árbol con esa inscripción no está en el parque del castillo de la Briarde ni la ha hecho ningún gales a finales de mayo de 1940. El árbol está en el parque de la Trinitat Nova en Barcelona y la inscripción la he hecho yo mismo una tarde buscando también frenar el avance de algún que otro ejército. Parecía bonito antes de mi confesión, pero he de ser fiel a las «ventoleras».

domingo, 26 de julio de 2020

LA PESTE A AJO II. PUNTO FINAL A ESTA IMBECILIDAD SOBRE LOS IMBÉCILES.

A mi pesar han pasado demasiados días desde la primera peste a ajo. Entre otros, uno de los principales motivos es que este tema me ha paralizado, me ha superado, he vivido demasiado pendiente del tema como un ansioso con su ansiedad. Ha ido dando vueltas en mi cabeza, mezclado con los temas de siempre, pero ganándose a codazos un lugar de privilegio, o sea que es evidente que lo he buscado, a veces sin querer, porque yo veo que el tema está muy en todas partes: buscamos y nos sentimos orgullosos cuando localizamos a un imbécil y lo damos a conocer al mundo, y nos gusta hablar de ellos, para corroborar siempre que los imbéciles son los otros y nosotros no tanto, lo cual también es un poco imbécil. Esto último lo digo un poco por lo de superado por el tema: veo tanto imbécil que he comenzado a dudar de mi criterio para pensar que alguien es imbécil, ¿cómo pueden haber tantos?, ! si son casi todos!, ¿pero cómo no voy a decirle que es un imbécil, si lo está pidiendo a gritos?, son las preguntas inevitables que, al menos, te tienen entretenido hasta el punto de no tener claro si maldecir a los imbéciles o defender su existencia. Lo que tengo claro es que tengo que poner punto y final a esta imbecilidad sobre los imbéciles porque no llego al sosiego de ninguna certeza, como decía Onetti en boca de uno de esos personajes que no paraban de fumar tirados en la cama mirando al techo. 

Recordad que en la primera peste a ajo escribía sobre alguien que en una red social se definía así:



La persona que ha escogido vivir conmigo me dijo que le parecía alguien muy coherente. No lo puedo evitar, pero siempre que alguien que me importa me lleva la contraria en algo, o no se deja llevar por donde le quiero hacer pasar, me parece que entonces mi argumento es fallido porque pienso que no he podido convencer, ni siquiera, a quién me importa y, se supone, que yo le importo. Es estúpido, sí, lo reconozco, no es ni siquiera justo, ni para nosotros ni para esos otros que nos importan...hay que seguir luchando contra este afán tan mío (tan nuestro) de hablar solo para intentar convencer.

— pues a mí me parece muy coherente.
— ya, pero es que la imbecilidad, la idiotez... son muy coherentes.
— para él es muy importante hacer negocios, seguramente será su pasión.
— ya, pero decir que es la forma de arte más fascinante...hacer negocios es hacer dinero y situarlo por encima de todas las artes... 
— para él sí.
— pues que hubiese escrito: hacer negocios es lo mejor de la vida.
— pero es que, a lo mejor, hacer negocios es un arte, ni tú ni yo hemos hecho negocios nunca, no lo podemos saber
— tampoco hemos pintado un cuadro nunca y bien le damos el valor que se merece.
— pintar un cuadro también puede ser una forma de negocio, ese cuadro, entre otras cosas, se pinta para ser vendido. 
(Segundos de silencio)
— ¿qué vamos a cenar esta noche?.


Tengo muchos ejemplos de imbecilidad sacados de las redes. Algunos también generaron debate con la persona que ha escogido vivir conmigo, de hecho no quería que colgase este, pero (lo siento) no me puedo resistir porque, a pesar de lo crudo, yo le sigo viendo tufo de imbecilidad. Juzgad vosotros, yo ya no sé ni lo que digo.


No quería hacerlo por eso del respeto y bla, bla, bla... pero es imposible no hablar de las connotaciones políticas. Connotaciones políticas que necesitan hacer lo más públicas posible frente a lo que supongo que es el sin sentido de sus vidas sin que una connotación política afín a ellos tenga el poder. No quiero decir que sean imbéciles por sus connotaciones políticas, creo que lo son principalmente antes de tenerlas y precisamente por eso las tienen. Algunos, incluso,  son conscientes de sus limitaciones:




Otros hacen juegos de palabras absolutamente maravillosos:




Algunos están tan compungidos que buscan y rebuscan por si cuela, sin importarles si quiera ya no solo hacer gala de su estupidez extrema si no de un claro problema mental. (Foto del acto de homenaje a las victimas Covid-19): 



Lo que genera un debate apasionante hasta que.... 




Aun así, hay algún imbécil no demasiado convencido:




Y lo que sigue es tan sumamente imbécil, tan destinado a los imbéciles superiores que es hasta misterioso para el resto de los mortales:



He querido ver en la red social de un hotel si están abiertos y leo una entrada en la que informan que sí que están abiertos con mascarilla, distancia e imbéciles:



Hay un video facha muy gracioso sobre la inauguración del nuevo bar del chino franquista que hay en Madrid que se llama "Una grande y libre" y cómo le han llenado de pintadas antifascistas la fachada:


La señora franquista "periodista" que hace el video hacia el final (03:57) entrevista al chino franquista, y empieza con esta pregunta llena de fina ironía:


Señora franquista — ¿cómo te encuentras con la democracia de Corea del Norte del chepas?.

Pero el momento que encuentro más absolutamente brillante del video precisamente porque da pie a todo tipo de elucubraciones acerca de qué pasa por la mente de estos seres, se da a partir del minuto 01:55, en el que la  señora franquista "periodista" quiere hacer entrevistas con algunos vecinos que están en la puerta del local, pide permiso diciendo "les importa que..." y tiene dos opciones para entrevistar.


La persona de la izquierda es una persona oriental así que el instinto periodístico de la señora franquista "periodista" le dice que la entrevista será muchísimo más jugosa si se la hace a la otra persona, gira la cámara del móvil hacía él y dice:

USTED...USTED QUE MÁS O MENOS......

He conseguido aislar toda la escena:


USTED...USTED QUE MÁS O MENOS...... ¿Usted que más o menos qué?, ¿usted que más o menos recorre el barrio con su cochecito y estará informado?, ¿qué ha pasado por la mente de la señora franquista "periodista?. La pregunta y la respuesta del señor son también brillantes, pero el misterio de ese "usted que más o menos..." se te queda en la cabeza dando vueltas como los misterios de civilizaciones desaparecidas sin causas claras. Ya vengo avisando que estoy fatal con el tema.

Y luego hay cosas que realmente te hacen dudar si son reales o detrás hay alguien que maneja los hilos de la comedia:











Aquí hay una confusión idiomática, sería claramente : ALLES FÜR DAS HEIMATLAND:












El señor recibe algún reproche, pero él es un hombre fiel a lo que dice:




No publican nada desde septiembre 2019 y era un perfil falso pero no me he podido resistir a incluirlo:



Y un señor preocupado y un señor más directo:




No hay punto final. Es algo inmenso porque si está en las redes también está en la calle y es inabarcable. Menos mal que encontré este librito de 1782:



Una estupidez que es del XVIII pero podría ser de ahora mismo. En el libro es la propia estupidez la que habla (se hace escritora como dice el propio autor):

"¡ cómo no me voy a sentir honrada contemplando a la multitud alabándome, y viendo cómo este orgullo me lleva en volandas a seguir dando todavía más !"

"La estupidez es el remedio universal largo tiempo buscado contra todas las enfermedades. Pensad en el ser humano feliz cuyo estómago nunca se ha visto perturbado por la cabeza durante la digestión, y que nunca ha malgastado su vigor interno en la fertilización del menor pensamiento: su cuerpo es la vida imagen de la salud. Es experto en el arte de tener hambre, comer y digerir, pues es el único que domina, al menos el único en el que su alma participa. Su cabeza no es un taller de pensamientos, pero tampoco de dolores. No conoce el mal de la hipocondría, que priva al intelectual de todas las alegrías que parecería despreciar antes" 

"Hago feliz al idiota tanto en su cabeza como en su corazón. Es cierto que no le proporciono la sabiduría pero sí la creencia de que la posee. No se arriesgará jamás a ir por el océano de la duda para navegar hacia la tierra de la verdad. Nunca lee otros libros que los que le arrullan llenándole su alma de esperanza y su cuerpo de sueño. Hago a todo idiota orgulloso y, en esa medida, feliz"


Me encanta esa frase final: "hago a todo idiota orgulloso y, en esa medida, feliz", orgullo y felicidad... por eso les envidio un poco, me gustaría ser un imbécil más profundo para ser feliz y orgulloso. Precisamente por esta confesión que os hago voy a dejar de hablar de ellos. Me habéis vencido y convencido por cansinos; y el más imbécil de todos: yo.

Como colofón os dejo un video precioso: 


domingo, 24 de mayo de 2020

LA PESTE A AJO I

Me parecería bonito si alguien una mañana temprano me dijera:

— Antes de empezar a hablar te pido disculpas si me notas en el aliento olor a ajo, tengo un problema grave de inflamación intestinal. He probado muchas cosas, y un ajo en ayunas por la mañana me alivia mucho. El ajo tiene fantásticas propiedades antiinflamatorias. Si te parece insoportable, me alejo un poco. 

Reconozco que soy tan escéptico con lo que me rodea que a veces le doy más importancia a las cosas que no me dicen (y que algunas veces imagino que me dicen, como la del señor/a del ajo) que a las que me dicen, por eso estoy seguro que si alguien me hubiera dicho lo anterior, la sorpresa (positiva) hubiera hecho muy soportables los efluvios del ajo; pero si no me hubiese dicho nada (o sea, lo normal), no solo me hubiese molestado el olor a ajo (magnificándolo seguramente), sino que además hubiese pensado rayos y centellas de aquella persona evitando volver a verla. Al decir aquellas palabras, esa persona, a pesar de no conocerla de nada, se asegura mi inmediata curiosidad que ya es mucho, muchísimo. Después, con el trato, por supuesto, puede sacar a relucir ciertas características de imbécil, pero de entrada me ha generado una curiosidad que un imbécil directo no me generaría e incluso puede que la curiosidad me haga preguntarle:

— ¿lo masticas o lo tragas entero?

Y sería super chulo que ese alguien contestara:

— Empecé tragándolo entero, pero a la hora y pico lo pasaba fatal porque de repente es como si explotara dentro de mí. Con la explosión me subía auténtico fuego a la boca. Si lo mastico poco a poco es bastante desagradable al principio, pero luego no explota nada y es más efectivo, pero, claro, la peste a ajo está ahí un tiempo. 

Incluso puede que ese alguien necesite sincerarse más:

— Mira ya que has preguntado y te noto un cierto interés, te explicaré que lo que hago es levantarme a las cinco de la mañana a masticar mi ajo en duermevela hasta las 7 que suena el despertador. Así, a las 9, que es cuando comienzo a trabajar, ya ha pasado el suficiente tiempo para que la peste haya desaparecido... lo que pasa que llevo unos días con unos ajos que no he comprado en el sitio habitual y la verdad que su potencia es devastadora. 


Alguien así de majo con el ajo, con lo que dice, con cómo lo dice y con los demás, sólo podría ser, como mucho, un futuro un imbécil inofensivo. Como ya he hablado de imbéciles directos e imbéciles inofensivos mejor será que de una jodida vez explique mis categorias de imbeciles,  que es lo que quería hacer desde el principio, pero siempre me vence el poder escribir por aquí sin demasiada vergüenza y puede que sin pensar demasiado en ti, amable lector; no te conozco demasiado, no te conozco nada, escríbeme, dime cosas antes de que te invente.

Pero, por Dios, vayamos al tema: tal y cómo yo lo veo, avisando de antemano QUE ES UN TEMA COMPLICADíSIMO Y QUE LA ACTUAL SITUACIÓN HA HECHO QUE SE COMPLIQUE MUCHO MÁS PORQUE TODO ES MUCHO MÁS FÁCIL PARA EL IMBÉCIL, EL IMBECILISMO ES UN CREDO. Como soy un ser inseguro sin demasiado remedio (a pesar que por aquí me venga arriba), soy de consultar mucho (incluso a veces consultar sobre lo consultado) y he consultado estos dos libros, que están muy bien, los recomiendo pero creo que se quedan cortos para el presente más inmediato:





Aquí tenéis esto también:

https://www.uma.es/foroparalapazenelmediterraneo/wp-content/uploads/2018/02/Paul-Tabori-Historia-de-la-estupidez-humana.pdf

Y me vais a permitir que, por maravilloso, os copie su comienzo:


"Este libro trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales; los mentecatos, los novatos y los que chochean; los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la “estupidez”, mientras la palabra “sensatez” apenas ocupa una? La locura es fácil blanco, y por su misma naturaleza la estupidez se ha prestado siempre a la sátira y la crítica. Sin embargo (y también por su propia naturaleza) ha sobrevivido a millones de impactos directos, sin que éstos la hayan perjudicado en lo más mínimo. Sobrevive, triunfante y gloriosa. Como dice Schiller, aun los dioses luchan en vano contra ella"


(Decir que Thesaurus de Roget es un tipo de diccionario de conceptos o diccionario onomasilógico, a diferencia de un diccionario al uso, este tipo de diccionario no da la definición de las palabras y su utilidad es buscar la palabra que mejor sirva a alguien a expresar su pensamiento. El Thesaurus de Roget es el primer diccionario onamasilógico en lengua inglesa y hoy en día tiene versión online: https://www.thesaurus.com/)  


Y por fin, MIS (insisto y pongo en mayúscula el MIS) tipos de imbéciles dispuestos a expandir de diferentes modos y con diferentes capacidades destructivas su peste a ajo:

  • IMBÉCIL DIRECTO, no necesitan demasiados esfuerzos imbéciles para darte cuenta casi de inmediato que son imbéciles. Que desplieguen su imbecilidad no depende de una situación comprometida o complicada en la que todos podemos flaquear y acabar imbecileando, su imbecilidad llega avisando siempre en cualquier situación porque no pueden ser de otra manera y su tufo a imbécil es perpetuo y feroz. Sienten absoluta fruición por ser escuchados y buscan siempre el máximo de oyentes. Entre imbéciles directos se reconocen solo con verse y olerse. Son una de las categorias de imbécil más peligrosas.  

  • IMBÉCIL A POSTERIORI, son más sofisticados que los anteriores ya que mezclan diversas técnicas de imbecilidad con aparente normalidad e incluso buen hacer en otras cosas, pero se guardan en la recámara su verdadera condición de imbécil que despliegan con absoluto placer: podríamos decir que son los imbéciles que no lo son todo el rato pero su imbecilidad es lo suficientemente grave como para no compensar sus momentos sensibles. 

  • IMBÉCIL INOFENSIVO, a diferencia del anterior, el imbécil inofensivo no es genéticamente imbécil, sino que puede caer en la imbecilidad sin darse apenas cuenta y es una imbécilidad bastante pueril y asumible. Todos somos imbéciles inofensivos cuando la cagamos y todos la cagamos siempre, a todas horas, aunque por mucho que la caguemos, sabemos compensarlo o lo intentamos.

  • IMBÉCIL CULTO, también es una de las especies más feroces de imbécil. Supuestamente tienen una excusa para su imbecilidad e incluso teorías que la apoyan y que ellos creen a pies juntillas, sin ningún tipo de sentido crítico porque lo suyo siempre es lo mejor. Es un imbécil que a veces te puede hacer dudar con respecto a su imbecilidad pero a nada que te sientes confortable y lo medites bien, te darás cuenta de su tremendo grado de imbecilidad y maldecirás nuevamente a tu inocencia

Hay una cosa que une a todas MIS categorías de imbécil: la cura es imposible, ni siquiera los periodos de mejoría. Si notamos una mejoría es un espejismo provocado por la omnipresencia de los imbéciles que puede conseguir provocarnos momentos de inmunidad, algo QUE NO DEBEMOS CONSENTIR. 


Evidentemente los más fáciles de detectar son los imbéciles directos. Yo lo he tenido siempre muy claro con los imbéciles directos: sé que es una especie homínida más, que hay que convivir con ellos como se convive con una enfermedad autoinmune y mi tendencia siempre es la huida. Pero la cosa ha cambiado hace poco, hace algunos días (todavía no muchos pero ya demasiados): me he dado cuenta que la imbecilidad me está provocando cada vez más curiosidad, supongo que tiene que ver con tener más tiempo para todo. Por ejemplo ya no es tan casual que me tope en redes sociales con perfiles de  personas que se definen así:


No estoy pudiendo evitar adentrarme más en sus cosas, porque las redes sociales están para eso, para expandir cosas y muchas veces la privacidad importa un comino. Por ejemplo, en el mismo perfil en red social (el de los negocios), cuelga este video diciendo (resalto) que "ES DIVERTIDO BUSCAR NUEVAS FORMAS DE PENSAR":




Es un himno libertario de algo llamado anarcocapitalismo, lo que vemos en el vídeo es la bandera de Gadsen (copio la wikipedia):

"La bandera de Gadsden es una bandera revolucionaria de origen estadounidense asociada al movimiento libertario.1​ La bandera fue diseñada en 1775 por Christopher Gadsden durante la Revolución estadounidense.2​ El fondo de la bandera es amarillo, y en el medio hay una serpiente cascabel en espiral y en posición defensiva, lista para atacar. Bajo la serpiente se lee la frase «Dont [sic] tread on me», en español «No me pisotees».1​ Su significado, originalmente revolucionario, ha evolucionado a lo largo de la historia del país; hoy en día suele representar la idea de que el Estado no pisotee a los ciudadanos a través de restricciones a las libertades individualesimpuestos o normas excesivas, normalmente desde una perspectiva libertaria".


El himno empieza como todo buen himno (como la Internacional por ejemplo) pidiendo a los libertarios que se alcen, ¿contra quién? pues contra los totalitarios por supuesto (sin dar demasiados detalles más): 




Hostia, pero aquí surge de repente una misteriosa mano invisible como guía y ya no puedes parar de escuchar (yo siempre que hay manos invisibles no puedo para de escuchar):




Y, ¿hacia dónde guía esa mano invisible?, pues hacia una absoluta confianza en el género humano:








Llegados hasta aquí ya estoy tatareando y con lo que sigue llego casi al éxtasis porque yo, a veces, cuando veo mi IRPF me cago en la hostia:



Ya casi estamos llegando al punto culminante porque entra un coro sublime, como en una cantata del ser celestial (el ser celestial siempre en este blog será J.S.Bach), para pregonar a los cuatro vientos, con los mismos argumentos que utilizábamos de niños para decir que nuestros padres eran más mejores que los de nuestros amiguitos/as, lo siguiente:




Sublime, la cosa es imparable y consuela saber que son politólogos y pacifistas. 




Politólogos, pacifistas y autodidactas:




Politólogos, pacifistas, autodidactas y filántropos:




En el fondo lo único que están pidiendo es que les dejen solos como las flores que crecen solas en el campo (no especifican que especie floral):




Cómo decía más arriba, nuestro perfil de red social encuentra DIVERTIDO BUSCAR NUEVAS FORMAS DE PENSAR y algunos amigos sorprendidos le comentan el video, pero él es tajante:  

"CADA UNO DEBE APECHUGAR CON SUS CONTRADICCIONES, PERO AÚN NO ESTOY PREPARADO PARA LA IDEA DE SUPRIMIR EL ESTADO".


Parece estar de acuerdo con la nueva forma de pensar que descubre, pero lo del Estado no lo acaba de ver claro, supongo que piensa en los negocios y no ve segura la cosa... El resto del perfil me llevó toda una mañana, pero no es cuestión de focalizar. Mi conclusión es que es maravilloso, es un imbecilismo maravilloso (que es una categoría en la que nunca había pensado), me duele reconocerlo y me da miedo que hayan entrado de lleno en el campo de visión de mi curiosidad innata hacía todo lo que me rodea. ¿Es posible resistirse ante tal tentación? Otro día, en este blog, con más pestes a ajo intentaré responder a la pregunta. Tengo profesoras del barrio de Salamanca y muchas más ratas de laboratorio. 



lunes, 27 de abril de 2020

EL RITMO DE ESTOS DIAS.

Estos días he estado viendo La casa de papel con mi mejor cara de "estoy super entretenido" y también he visto cosas que tenía pendiente, o cosas que he descubierto; cosas de distintos tonos, cosas de distintos ritmos. Una de esas cosas es la película sobre un señor que ha estado casi toda su vida haciendo esto:



Subir y bajar esa barrera —hacer esperar a algún rebaño de ovejas— y entre tren y tren, meterse en esa casucha y esperar al próximo tren fumando y bebiendo té. Todo hasta que vienen los señores de traje que vienen siempre y caminan un poco por esa vía —que es la vida del señor— hasta llegar a su encuentro. 




Y como siempre son los señores de traje, con mucha educación pero con mucha prepotencia, le preguntan a nuestro señor cuantos años tiene y cuantos años hace que hace lo que está haciendo. La pregunta huele mal, seguro que muchas cosas pasan por la cabeza de nuestro señor, pero la expresión de tristeza está tan aplastada en su rostro que es difícil que nos demos cuenta de nada, tan solo lo intuimos y a mí me gusta mucho intuir.

Siguiendo la misma vía, a pocos metros, el señor llega a algo que podríamos llamar casa y allí le espera su mujer que teje alfombras para que la pobreza del matrimonio sea un poco menos pobre. El señor no le comenta nada a su mujer de la conversación con los trajeados, vuelvo a intuir que no quiere preocuparla. Cenan en silencio y se acuestan en silencio; parecen personas que no tienen años, tan solo un cúmulo de movimientos continuos e idénticos mediante los cuales sobreviven a cambio de un tedio que ya ni siquiera notan.  


Al día siguiente tienen una inesperada visita. Su hijo que está en el ejército y viene de permiso. El chico ha heredado la tristeza del padre, no hay besos, ni abrazos con la madre, tan solo el sempiterno té como substitutivo a la demostración de sentimientos, aunque sí hay algo tan cálido como descalzarse para estar más cómodo en la que ha sido alguna vez tu casa.


Llegan unos compradores de alfombras. La mujer prepara el té y nuestro señor lo sirve. Como siempre (como en cualquier cultura) antes de hablar de lo que se necesita hablar, se habla de lo único que nos incumbe a todos: el tiempo meteorológico. Los hombres se dirigen siempre al señor (es un país musulmán) y le dicen que el diseño de las alfombras es anticuado y que ya nadie las compra, solo dan por la alfombra 2.200 riales. La tejedora de alfombras dice que ella ha hecho el diseño que ellos le pidieron, pero su pequeña queja se disipa en el aire viciado por el tabaco de ese comedor/ casa. Nuestro señor dice que con eso no cubren ni gastos y sus palabras también se disipan en el mismo aire. Esos señores —que también llevan traje—, contestan que nadie les obliga a vender la alfombra. El señor replica que la mujer trabaja día y noche y que no es un trato justo. Los compradores  pagan el precio que han dicho y se van con la alfombra sin decir adiós: la maldad del mundo no necesita explicaciones. 


El padre le reprocha al hijo que ni siquiera les ha escrito, el hijo insiste que sí, que les envió una carta y el padre dice que nunca llegó; la tensión la corta la madre cuando le pregunta al hijo que cuantos días se quedará. Vuelvo a intuir que nunca se envió esa carta y la madre lo sabe. La presencia del hijo no rompe el silencio de las cena, pero hay un glorioso momento en el que el hijo saca de su pequeña bolsa de viaje tres naranjas, no hay agradecimientos pero un primer plano de las manos de la madre pelando la naranja y una mirada al hijo nos lo dice todo. El hijo duerme en el camastro y los padres en el suelo y, ya con las luces apagadas, se da también un diálogo universal:


Al día siguiente el hijo se marcha. Vuelven a no haber besos ni abrazos, la despedida puede parecer extremadamente fría, pero no, porque es una película — es una manera de contar — que no necesita mostrar esos besos ni abrazos, prefiere que la madre vea a través de la ventana, sin salir al mundo,  al señor y a su hijo como se dirigen hacía la vía, se paran un momento para que el señor le dé el dinero al hijo, mientras de fondo suena el fuerte tic tac de un reloj (que vuelvo a intuir que es símbolo de mil cosas vividas y, sobre todo, no vividas) hasta que el plano cambia y desde ese mundo que los ignora, en el que desaparece el tic tac de un reloj, asistimos a un primer plano glorioso de la madre con su rostro y su mano apoyados en el cristal de la decrepita ventana. Acojonante de verdad, a mí me parece un minuto acojonante, ya os dije que la mayoría de todo esto eran idioteces pero con esto no bromeo, es un minuto mucho más intenso que cualquier minuto de la Casa de Papel.





Nos enteramos que el señor no sabe leer porque le tienen que leer la carta en la que le comunican que a partir del 5 de febrero del 1960 queda jubilado. Nuestro señor no entiende qué significa jubilado y quién le lee la carta da una definición de validez universal: "que usted disfrute de lo que le queda de vida". La mujer se da cuenta que algo no va bien porque su marido, al volver de la vía, no le reclama su té ni se enciende ningún cigarro. La mujer, como siempre frente a su telar, no parece inmutarse demasiado, tan solo acierta a decir: "Ve a reclamar, diles que no tienes dónde vivir", con lo cual también nos enteramos que ni siquiera su hogar es suyo. Al día siguiente en la casucha de guardavías se presenta su substituto y se da un diálogo digno de los Monty Python:

Substituto: Hola
Señor: ¿qué quiere?
Substituto: Me han dicho que viniera a trabajar aquí
Señor: ¿quién?
Substituto: El jefe
Señor: ¿qué jefe?
Substituto: El jefe... ya sabe

El señor sale de su casucha ignorando al substituto, cierra con candado la puerta y comienza a andar por la vía. El substituto, tras unos instantes de titubeos, entiende que lo único que pueden hacer él y su maleta es seguir al señor por la vía, en una imagen en la que lo único que les distingue es esa maleta, parecen el mismo ser, ambos con el mismo destino separados únicamente por unos miles de tés y de cigarros. Incluso el señor mira hacia atrás alguna vez como si quisiera corroborar que todo lo que le está pasando sea real.




Nuestro señor entra en casa y el substituto se queda sentado en la puerta hasta que la hora de la cena hace que sea invitado a entrar. El substituto come con un apetito feroz mientras el señor y su mujer lo observan en silencio; el señor no lo soporta y prefiere irse a la casucha de guardavías. 
Al día siguiente el señor coge el pequeño vagón correo que hace los encargos de la compañía ferroviaria, quiere ir a la ciudad. Al pasar por el paso de nivel ya ve al substituto que ha hecho su trabajo como si fuera exactamente él:




En la ciudad le cuesta encontrar el edificio de la compañía del Ferrocarril. Para cuando lo encuentra ya está cerrado y tiene que volver más tarde. Hace tiempo en una especie de bar casi totalmente vacío como parece estarlo todo en la película. Bebe algo que parece licor intuyo (el té no da valor) y, por fin, lo vemos en las oficinas del Ferrocarril en las que otro señor trajeado insiste en que la carta de jubilación es muy clara y que se vaya. Nuestro señor permanece en el despacho pero es ignorado por los señores trajeados que dialogan animadamente y ríen... y aquí llega un milagro, algo que era lo último que nos planteábamos ver: nuestro señor también ríe; ríe de lo que ríen los señores trajeados que es algo que, por supuesto, no tiene gracia.




Los trajeados lo siguen ignorando. Como siempre irrumpen tazas de té que le traen a los trajeados y que toman de manera muy diferente al señor y su mujer. Se hace inevitable un momento en el que le vuelvan a decir a nuestro héroe (a estas alturas ya es nuestro héroe) que se vaya y él, muy serio les dice que les ha servido durante 30 años y que no tiene dónde ir..., lo cual provoca —al menos— que los trajeados interrumpan su ingesta de té durante breves segundos, que solo son esos breves segundos. El señor marcha y lo siguiente que vemos ya es el final: un carro tirado por un mulo, cargado con los cuatro trastos del matrimonio. La última escena es de nuestro señor  en el comedor / casa vacía, observa que ha quedado un pequeño espejo ajado colgado de la pared, durante segundos observa su rostro como corroborando su desamparo, como si hiciera miles de tés y cigarros que no observara su rostro ni en aquel ni en ningún espejo, hasta que finalmente lo descuelga y decide llevárselo. Es su espejo. 


No era mi intención pero he acabado contado la peli, lo sé, pero no tendría que importar (¿se ha dejado de leer Robinson Crusoe por saber de qué va?), porque apelo a una curiosidad que va más allá de saber de qué van las cosas (creo que las cosas van siempre de lo mismo, sólo varía el ritmo y las maneras). Yo no quería contar la peli, pero he tenido que hacerlo para que me sea más fácil explicar que me ha hecho pensar en el ritmo de estos días: con pequeñas diferencias (sobre todo de poder adquisitivo), el ritmo de estos días es muy similar al ritmo de los días del señor y su mujer, lo que no sabría aclarar es que si cuando digo estos días me refiero a nuestros días anteriores o posteriores al 14 de marzo del 2020, a estos días que nos imponen ahora o a los días que nos imponen siempre, si es que pensamos que son tan diferentes (creo que las cosas van siempre de lo mismo, sólo varía el ritmo y las maneras).

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